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Clandestinaje y presidio político; Tomás Fernandez-Travieso
Topic Started: Aug 8 2011, 11:17 AM (633 Views)
Eduardo Zayas-Bazán
Unregistered

CLANDESTINAJE Y PRESIDIO POLÍTICO
por Tomás Fernández-Travieso

La resistencia interna y las prisiones políticas cubanas.

Hace dos meses se cumplieron 50 años del desembarco por Bahía de Cochinos. La prensa, merecidamente, recordó y recogió testimonios de esos patriotas que intentaron terminar con el castrismo en Cuba pero… poco o nada se oyó del clandestinaje ni de los también 50 años del fusilamiento de hombres de la talla de Virgilio Campanería, Alberto Tapia Ruano, Rogelio González Corso (“Francisco”), Manuel Lorenzo Puig (Ñongo), Eufemio Fernández, Mingo Trueba y muchísimos más.

Haciendo un poco de historia: El plan original de los cubanos, conjuntamente con el gobierno de los Estados Unidos, era entrenar a una brigada de hombres que se infiltrarían en la isla para fortalecer la Resistencia y derrocar al régimen castrista. Luego se convirtió en un plan de invasión que básicamente desembarcaría en un lugar lejano a La Habana para unirse a las guerrillas existentes en las montañas del Escambray o de la Sierra Maestra y formar un gobierno provisional que pudiera ser reconocido internacionalmente. En 1960, en las montañas del Escambray había cerca de 10 mil hombres alzados, la mayoría proveniente del Ejercito Rebelde que derrocó a la dictadura de Batista. En la Sierra Maestra, había dos frentes guerrilleros con más de tres mil hombres coordinados por el Movimiento 30 de Noviembre y el Directorio Revolucionario Estudiantil. En otros puntos de la Isla había otros focos guerrilleros.

Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos dio un cambio final para desembarcar, ignorando los esfuerzos y las posibilidades de la resistencia.

Hablemos ahora de la Resistencia. La Resistencia contaba con aproximadamente 200 mil hombres y mujeres en la clandestinidad, a lo largo y ancho de la Isla, distribuidos entre las distintas organizaciones revolucionarias: el Directorio Revolucionario Estudiantil (DRE) al que yo pertenecía, el Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), el Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), la Democracia Cristiana, el Movimiento 30 de Noviembre, Rescate, Unidad Revolucionaria y otras más. Los grupos colaboraban con las necesidades del otro. No estábamos en competencia; todos teníamos una meta común.

El clandestinaje era el encargado de educar a la población en la realidad del castrismo y las razones para luchar contra el sistema. Era nuestra labor organizar la resistencia en toda la Isla preparándonos para, conjuntamente con la llegada de la invasión, tomar ciudades, volar puentes, lanzarnos a la calle. Se organizaban grupos, se hicieron huelgas estudiantiles, se identificaban casas de seguridad para esconder a los que ya estaban “quemados”, o sea, a punto de caer presos o fusilados, se reclutaban nuevos miembros entre los que se encontraban milicias completas dispuestas a pasarse para la oposición en el momento de la invasión, se arriesgaba la vida recogiendo armas transportadas hasta playas cubanas y escondiéndolas, realizando sabotajes a la estructura militar del gobierno. Nos entrenábamos militarmente con el fin de desarticular el movimiento de tropas cuando se produjera el desembarco y crear varios focos insurrectos en las ciudades, especialmente en la capital. Los grupos de infiltración compuesta por miembros de la brigada entrarían primero, y de hecho ya estaban en Cuba antes del 17 de abril, para colaborar en la coordinación del desembarco.

Durante el clandestinaje se vivía intensamente; la captura significaba la muerte o, al menos, una prisión indefinida. Corría la misma suerte el que escondía a algún “señalado” en su casa. Y ni hablar del que capturaban trasladando o escondiendo armas. Nos jugábamos la vida a diario. La vida no valía mucho en esos momentos.

La brigada fue traicionada. El clandestinaje fue traicionado. Cuba fue traicionada. El clandestinaje se desarticuló totalmente y el gobierno se dedicó a pescar en río revuelto y llenar las prisiones, en las que estuvimos muchos años, tantos que suena a irreal. En esos primeros años cayó lo más puro de nuestra juventud cubana.

Muchas veces vemos películas de espionaje, o del clandestinaje, de los Maquis en Francia o de Hungría durante la Segunda Guerra Mundial y las creemos porque son historia. Sin embargo, cuando intentamos contar nuestra historia, tristemente se cambia la conversación. No nos creen o no nos pueden creer.

Cuando contamos que el Departamento de Seguridad del Estado irrumpió en la casa donde se escondía Marcial Arrufe, asesinándolos a él y a su esposa en estado, o había una persecución en auto por dentro de la ciudad, intercambiando ráfagas de ametralladora, a lo James Bond, o permaneciendo escondidos durante días dentro de un closet porque habían puesto un precio a tu cabeza, o tienes que disfrazarte, teñirte el pelo, cambiar de nombre y domicilio para escapar unos días más, o ver cómo lograbas entrar en una Embajada para salvar tu vida, nos cambian el tema de la conversación.

Cuando llegué a Estados Unidos en noviembre de 1979 y aún hoy en día, muchos que no me conocían y sabían que había estado preso me hacían la pregunta de rigor: ¿Cuánto tiempo? Contestaba la verdad: 19 años. Los interlocutores comentaban un “ah” y cambiaban el tema. No me creían o quizás sus mentes no podían abarcar esa barbaridad.

Cuando hablamos de que durante la crisis de Octubre de 1962, el gobierno cubano dinamitó las cuatro circulares de la prisión de Isla de Pinos en la que habíamos casi 5,000 presos, la gente nos mira como si estuviéramos diciéndoles que habíamos viajado a Marte en un platillo volador.

De muchacho, estrenaron la película “El puente sobre el Rio Kwai”. A mí me impresionaron mucho las torturas que los soldados japoneses infligían a los ingleses mandados por el Coronel Nickolson, sobre todo cuando lo metieron en un hueco al sol tapado con una plancha de metal. En Isla de Pinos muchas veces comentamos sobre esta película, riéndonos. Esas torturas, comparadas con las que vivíamos diariamente en el trabajo forzado, nos parecían irreales e infantiles, casi como una atracción de Disneyworld.

Cuando hablamos del Plan de Trabajo Forzado, “Plan Camilo Cienfuegos” en el cual los guardias asesinaron a sangre fría a muchos compañeros, al que íbamos día a día, en camiones de volteo, al amanecer, todos guardábamos silencio, quizás porque se preguntaban, igual que yo: ¿Regresaré hoy? ¿Quién de este camión no regresará? Los guardias portaban las bayonetas de los antiguos rifles Garand, de casi 2 pies de largo. La hoja, con punta y filo por un lado tenía un espesor de un cuarto de pulgada. Con ella nos golpeaban, por cualquier parte, para obligarnos a trabajar. Varias bayonetas se partieron en las cabezas de los presos, nos daban estocadas en los muslos, a dos amigos le cortaron la arteria femoral con el consecuente desangramiento inmediato. Puedo decir con certeza que no hay ningún preso que haya pasado por el Plan Camilo que no tenga cicatrices de las bayonetas y que no haya sido golpeado. Desafortunadamente, miles de mujeres cubanas sufrieron – al igual que los expresos – la cárcel, las humillaciones y las torturas. Se ensañaban con ellas pensando que las podrían “quebrar”.

Quiero invitar -y espero que mis palabras motiven- al exilio histórico, al del Mariel, a los recién llegados, a todos los cubanos y a la prensa en general, a preguntar y a leer. Aspiramos a que no se quede ni un cubano sin saber la verdad, para que la transmitamos al mundo.

Muchas gracias.
Tomás Fernández-Travieso

Presentación en el homenaje y acto de entrega de la Orden Calixto García Iñiguez al embajador Hon. James Cason en reconocimiento por su labor como encargado de la oficina de intereses de los Estados Unidos en Cuba del 2003 al 2005.

Colegio de Belén de Miami, julio 10, 2011.

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