| Es como respirar...; Fanfic | |
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| Tweet Topic Started: Nov 26 2008, 04:41 PM (50 Views) | |
| Jacques | Nov 26 2008, 04:41 PM Post #1 |
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Estudiante. Hace Retratos y Bocetos
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Hay cosas conocidas y cosas desconocidas. Y en el medio están Las Puertas (Jim Morrison) Perseguido por su hermana, Jacques corría a toda velocidad por su casa. A su espalda las amenazas habituales se prodigaban en tono furioso. Oh, si... Echar pasta de dientes en su champú había sido una gran idea. La gran ventaja era que envuelta en una toalla y con los pies mojados su hermana no podía correr mucho. Riendo, Jacques abrió un portal a los bosques cercanos a su casa y lo cruzó a toda prisa, cerrándolo a su espalda. Ya se preocuparía luego de la venganza de Ryan. Por el momento había obtenido una gran victoria. Se agachó, tomando aliento y aun riendo, recordando la cara de su hermana, y sobretodo, su pelo rubio empastado... Cuando se dio cuenta de que algo no andaba bien... El bosque susurraba. Se irguió y miró a su alrededor, extrañado, intentando encontrar el origen de los susurros. Y el problema era... que provenía de los árboles. Los observó incrédulo. Eran los arboles mas extraños que jamás había visto. Las ramas eran rectas, aplanadas, casi paralelas al suelo aunque un poco inclinadas hacia arriba. De ellas pendían las hojas... ¿Hojas? Eran unas espirales verdes, muy finas, que partían de la rama y llegaban como a un metro del suelo. Su susurro, casi hipnótico, nacía cuando el viento las mecía... ¿O no? Se acercó un poco, examinándolas de cerca; Las hojas se retorcían despacio, y los roces de los cantos aserrados provocaban el susurro. Extendió la mano hacia ellas, y al rozarlas, con un latigazo cuatro o cinco se enrollaron en su antebrazo. Sus borde afilado comenzó a hundirse en su carne. Gritó de dolor, retrocediendo, y se aterrorizó al sentir que las hojas respondían recogiéndose hacia la rama, tirando de él hacia la cortina verdosa. Mas y mas hojas oscilaban hacia él, tratando de reforzar la presa. Clavó los pies en el suelo, resistiendo a la desesperada. Gimiendo de dolor, con la mano libre logró sacar la navaja guardada en el bolsillo opuesto y acuchillo a las hojas hasta liberarse. Cayó rodando, jadeante, aferrándose el brazo que le ardía en su mente con una llama blanca. Quedó tirado en el suelo. El árbol, también herido, susurraba mas fuerte y mas rápido para satisfacción de Jacques. Tras unos minutos, se atrevió a mirar la herida... Solo eran cortes superficiales, lo bastante aparatosos como para hacerle sangrar profusamente, pero no tan profundos como lo parecían por el dolor ¿Veneno, tal vez? Esperaba que no. Lo deseaba. Si pudiese elegir, prefería cortes hasta el hueso a un envenenamiento. Miró de nuevo alrededor, con algo de pánico, aferrándose el brazo para que doliese menos. ese puto árbol ha intentado comerme ¿¿donde diablos estoy?? No quiso saberlo. Trató de abrir un portal a su casa, y para su desesperación, no pudo. Cuando vio que ni siquiera podía abrirlos para cubrir un par de metros de distancia, la irrealidad de todo aquello lo sobrepasó. Se sentó -mas bien, se dejó caer- en una roca aplanada y se bloqueó, con su mente trazando círculos inútiles, tratando de averiguar qué demonios estaba pasando, y lo mas importante, donde mierda había ido a parar. Los portales son como respirar. los abro, los cruzo, los cierro. Inspiro, retengo el aire un segundo, expiro... algo tan básico ha salido mal... algo ha salido mal en el momento que cruzaba. Esto es imposible... Tenía ganas de llorar de pura frustración. Por mas que lo intentase, no lograba abrirlos. Era como despertarse por la noche y descubrir que te falta una mano. Por último, resolvió que estando quieto se encontraba en peligro; Por el amor de Dios, si así eran las plantas, no quería ni imaginar cómo serían los depredadores de la zona. Necesitaba un refugio, y lo primero era reconocer el terreno. Esquivó el árbol susurrante y buscó uno que fuese mas o menos normal, de preferencia muy alto para escalarlo y buscar alguna forma de civilización, o por lo menos, donde pasar la noche. Encontró a pocos metros uno aparentemente adecuado. Parecía un susurrante, pero su color era grisáceo y no tenía hojas. El brazo -que aun le dolía- le había enseñado prudencia; Arrojó un par de piedras al árbol y sonó un crack de piedra-contra-piedra. Lanzó otra a uno de sus agresores y sonó “normal”. Por lo visto... al morir, se petrificaban. O quizás fuese una variante nocturna, y durante el día el árbol estaba encerrado en su concha. A estas alturas estaba tan confuso que no descartaba ninguna posibilidad. Finalmente, suspiró y tocó la corteza. Estaba fría y definitivamente, era roca maciza. Trepó por el árbol sin mucha dificultad, y cuando llegó a la copa, examinó la contornada; La vista, aunque extraña era majestuosa. Todo bosque, de horizonte a horizonte, con una brecha para un río, o tal vez un camino. Jacques estaba en el centro de una zona de susurrantes, pero a unos kilómetros mas hacia allá, la foresta parecía cambiar a algo parecido a los pinos. En dirección contraria, el bosque parecía convertirse gradualmente en un pantano, lleno de arboles achaparrados y retorcidos... Decidió abandonar la zona de arboles devoradores y encaminarse hacia el pinar, por así llamarlo. Descendió con cuidado, y al girarse el estomago se le contrajo de pura repugnancia. A unos metros de él estaba el mosquito mas grande que había visto en su vida. Lo peor no era su tamaño (casi tan grande como una doberman), si no que tras los primeros momentos, no parecía un mosquito. Su color era rosado, enfermizo, tenia casi una docena de patas, cuatro alas enormes y verdosas, un pico tubular del color del hueso y... Dios... Tenia ojos de verdad, con iris, pupila, parpados. Le estaba mirando fijamente. El miedo y el asco lo tenían paralizado, incapaz de no sostener la mirada a la bestia. Le costaba respirar, sus propios latidos le ensordecían y las nauseas eran tan fuertes que ahogaban el dolor del brazo. El bicho sacudió la cabeza y agitó las alas, guiñando los ojos alternativamente, sin romper el contacto ocular. Se movió con torpeza, avanzando un poco hacia Jacques... Y se detuvo en una de las manchas de sangre del muchacho. Para horror del muchacho, el “pico” del insecto se peló hacia atrás como una cáscara de plátano, descubriendo un centenar de colmillos y una lengua amarillenta y babosa que goteaba un liquido resplandeciente. La lengua recorrió la sangre del suelo, primero con curiosidad y luego con avidez. Cuando el ser miró de nuevo a Jacques, su actitud había cambiado; Sus ojos estaban fijos en él, increíblemente abiertos, sus alas se habían teñido de rojo y su boca se abrió incluso más por los cuatro costados. Lentamente, avanzó casi a rastras hacía Jacques, con la lengua retorciéndose obscenamente como un tentáculo. La profusión de la saliva era tal que ESO iba dejando un rastro humeante y corrosivo a su tambaleante paso. Jacques estaba paralizado. Tenia erizado cada vello, cada cabello del cuerpo y el terror mas absoluto y gélido lo tenía rígido, inmóvil. Le costaba respirar hasta tal punto que empezó a marearse por la falta de aire. La criatura extendió las alas de golpe y saltó sobre él... ¿Continuará? |
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