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One Piece Great Tour Ciudad de Tyalis
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Un mundo envuelto en llamas; [Suceso "Aleatorio"]
Topic Started: Sep 30 2008, 10:07 PM (209 Views)
Destino
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La ciudad de Argos era un gigante de aleaciones de titanio recubierto de conglomerantes y cristal vagando por el espacio. Un foco de vida en medio de la nada dirigiendose a un futuro incierto. Nadie negaba la evidencia de su origen artificial, contranatura, pero solo unos pocos eran capaces de poner su adversión a dicha existencia por delante de sus propias vidas, o las del resto de ciudadanos de la nave.

La fuerza y sonido de la explosión se propagó rapidamente por todo el sector como el aire escapando irremediablemente de un par de pulmones antes de ahogarse, antes de que la urbe los acallase por mera inmensidad. Los ecos del desastre ni siquiera tocaron la otra punta de la zona civil, al menos no directamente, de momento. Las llamas se extendian como un tumor a través de los materiales inflamables y los no tanto consumiendo el terreno circundante con ferocidad pasmosa. La histeria comenzó a extenderse allá donde las llamas no llegaban, al mismo corazón de los hombres. una explosión probablemente provocada había hecho impacto en pleno centro de la región comercial de la ciudad. Tres bloques de edificios de locales y viviendas se resquebrajaban bañados en llamas sujetos unicamente por los huesos metálicos de la metropoli mientras la gente reaccionaba a la visión de la destrucción, los muertos y los miembros humanos sueltos como se espera de ella, consumida por el pánico.
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Locke

Locke se encontraba en la calle cuando oyo la explosion, el impacto sonico le hizo cubrir¡se las orejas doloridas. Cuando el sonido se disipo empezaron los gritos y el caos, la gente corria de un lado a otro. Pero el neohumano se quedo quieto en medio de la calle, su melena flotando tranquilamente tras de si, con un color azulado.
El fuego se extendia por el armazon de plastico y metal de los edificios, explosiones secundarias causadas por el incendio se succedian. Y Locke miraba el espectaculo fascinado, ignorando la desesperada carrera que tenia lugar a su alrededor. Pues el fuego era extrañamente cautivador, las ondas expansivas de las explosions, mitigadas por la distancia resultaban en una agradable alenada de aire caliente.

Una explosion cercana lo despesperto de su ensueño, la planta alta de un edificio habia estallado a resultas de un incendio en la via paralela. Escombros llameantes se precipitaron acia donde se allaba el neohumano.
Sin perder tiempo, la mente de Locke analizo los alrededores, a escasos diez metros habia un local abierto y sin vacilar corrio acia el.
Salto al interior de un semibacio bar-restaurante instantes antes de que el infierno se desatara en el exterior. Las llamas se propagaron con celeridad por la calle, alcanzando a los que no habían podido huir.
Una rafaga de sofocante aire caliente entro en el local, arrastrando olor a pastico y carne quemados.

Entonces un panel semitransparente aislo el interior del exterior, mientras el aire acondicionado se esforzaba por reajustar la temperatura. Alguien había actibado los cierres ermeticos de seguridad.
Locke siguio mirando al exterior durante un rato, fascinado aun. Pero poco a poco fue recobrando els entido, era muy bello si, pero no queria acabar formando parte de ello. Miro a su alrededor para acerse una idea del lugar donde estaba encerrado.
Era un pequeño local, no demasiado atractibo pero no era un tugurio, lo justo para tomar una copa antes de ir a casa o una comida rapida ates de bolver al trabajo. La clientela estaba formada por media dozena de personas, demasiado cobardes o demasiado cautas como para correr presas del panico, suerte para ellos. Mas un barman y el anciano que parecia ser el dueño del local. Todos estaban atareados intantando contactar con el exterior por moviles ordenadores portatiles o implantes varios. Locke agarro su movil y llamo a su chofer, linea saturada por supuesto.
Suspiro y guardo el movil. Su pelo, que había pasado a ser de un rojo intenso, se tornaba lentamente a un verde escarlata mientras flotava gracilmente.

Miro al llamente exterior y suspiro de nuevo, ya no le parecia atractibo, solo opresivo, queria salir de alli cuanto antes, quien le mandaba tomar un paseo precisamente ese dia...
Edited by Locke, Oct 3 2008, 03:15 PM.
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BWM355B
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Cercano al epicentro de la explosión un edificio antiguo de viviendas incrustado en pleno barrio comercial se erguía, si aquella era la palabra apropiada para referirse a algo cuya firmeza se corresponde con la de un palo clavado en la tierra. Los apartamentos "Jhh's" habían vivido muchos altibajos, nadie negaba que parecía como si alguien los hubiese traido del Barrio Sur arrancandolos de cuajo y actualmente se hallaban pendientes de una petición de derribo que se hayaba congelada por las influencias de su dueño, aunque su tiempo estaba sentenciado.

En los instantes inmediatamente anteriores a la explosión el inquilino número 23 se hallaba en su apartamento preparandose para iniciar su programa de hibernación. No es estrictamente necesario detenerse a detallar los motivos de dicha acción o como llegó a dicho punto, en resumidas cuentas el androide de construcción solo se disponía a finalizar su jornada con el equivalente robotico a un buen sueño. Para sorpresa de su procesador, pues carecía de capacidad alguna para el enfado y los sentimientos en general, aquella sencilla acción necesaria en su programa para su buen funcionamiento en la siguiente jornada laboral iba a ser interrumpida sin remedio, si bien la antiguedad de su circuitería provocaría que tardase algo más de tiempo en darse cuenta.

El onda acústica se expandió entre las calles con multiples daños materiales si bien nada comparable al daño de la explosión en si y el incendio derivado. Sin embargo aquella bocanada de aire bastó para tambalear "Jhh's". La cabeza metálica de 355 se giró torpemente en busca de obtener una visión del techo cuando la construcción tembló como un castillo de naipes. Sus sensores opticos se detuvieron en la iluminación del cuarto, que intermitentemente luchaba por sobrevivir como el propio edificio. Tal vez por ser aquella su especialización profesional, si bien solía dedicarse más a construir que demoler, los lentos procesos del robot llegaron a una conclusión tan aguda, rápida y acertada que lo sorprendieron más que la propia revelación.

-Oh, vaya.

En unos instantes la vieja construcción se convirtió en una montaña de escombros pasando por todos los puntos intermedios precisos para llegar a dicho estado.
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Lance
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Lance Woodstock trajeado, sí, era una cosa de esas cosas que cuando ocurrían alguien pensaba "Hoy es el fin del mundo" y justo aquello fue lo que se le pasó por la cabeza al dueño de un bar al ver al marine para segundos más tarde escuchar la explosión y ver cómo unos edificios lejanos del barrio comercial empezaban a desmoronarse:

-Genial... hoy que tenía cita con Diana...

Pensó para sí mismo el yanki mientras sus planes de diversión nocturna se desvanecían cual humo de cigarrillo en medio de un tornado. Sacó el móvil, con salvapantallas del tío Sam, y envió un mensaje a lo que él consideraba como "la mujer que era más novia suya que ninguna otra":

-No salgas de casa, tengo que hacer de héroe de nuevo. Espero llegar pronto con los gayumbos encima de los pantalones para que me los quites personalmente.

Eso decía el mensaje, no hacía falta muchas más explicaciones ya que seguro que los equipos de noticias iban a llegar allí tan rápidamente como las moscas a un cadáver.

Con un rápido gesto se quitó la corbata de seda y la chaqueta del traje y se las lanzó al dueño del bar que aún se encontraba mirando la humareda que se veía en lontananza:

-Guárdame esto, luego volveré!

Dijo con una sonrisa llena de valentía y o locura para inmediatamente echar a correr pensando en una de las canciones de marcha militares que más le gustaban: "El sargento Xantio, nos muele a tollinas y a mí me gustan las chicas cochinas! Uno, dos, tres, cuatro! A Baralay le van a dar por culo, la cuestión es que no se lo haría ni un mulo!..." No tardó mucho en llegar a lo que hacía algo de tiempo había sido uno de sus picaderos, los apartamentos "Jhh's", suspiró congratulándose de su suerte, se arremangó la camisa y empezó a levantar escombros con la esperanza de encontrar a alguien vivo.

FDI: No me cargan los colores, así que a joderse xD
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BWM355B
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355 observó detenidamente la oscuridad petrea que lo cubría, más por la sencilla razón de que no podía apreciar más en su campo de visión. Incluso sin sentido alguno del dolor su procesador podía apreciar daños en su sistema por el derrumbamiento. El equivalente a un par de rasguños. En aquel instante la ira pugnaba por ser descubierta.

...

... No hubo éxito. Gélido como una lápida 355 se levantó lentamente bajo la única premisa de que su recientemente redactado nuevo 'programa de tareas' no incluía yacer bajo un edificio. Cuando el mastodóntico androide se halló en pie apenas se le distinguía de los escombros de los que había aparecido (y de hecho muchos de ellos se habían quedado adheridos a su carcasa dandole un aspecto más destartalado y extraño). Sin proponerselo quedó encarado a Woodstock al que miró con relativa sorpresa. Después de todo no figuraba en su base de datos como inquilino del edificio.

-¿Puedo ayudarle? - preguntó 355 con la mayor artificialidad de las formas en lo que parecía más una frase de contestador que las palabras de un ser inteligente.
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Matt Donovan
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-Muy bien, tu no me gustas, y yo no te gusto, así que haz el jodido favor de venir hasta aquí y acabemos esto pronto.-

Me encontraba en uno de esos trabajos que no habría aceptado de no ser por mis números rojos. Pero una cosa era segura, mas bajo no podía haber caído, y como si Hatch lo hubiera vaticinado, allí me encontraba persiguiendo una mascota.

Para ser precisos me encontraba subido a una escalera que me había prestado la dueña del bar de al lado, para poder acceder, de alguna forma al conducto de ventilación que asomaba del edificio por su lateral. Dos días buscando a aquel maldito cachorro, habían concluido que de alguna manera, aquel pobre animal se había metido en los conductos de ventilación a una altura de un primer piso. No podía ser mas humillante, en medio de una calle ancha del barrio norte, yo, subido a una escalera, pegándole gritos al hueco de una pared. Por suerte pagaban bien.

-No me obligues a jugar sucio.- dije mientras le enseñaba una galleta para perro con forma de hueso.

Parecía que aquello había llamado su atención, y se acercaba correteando hacia mi. Era obvio que estaba pasando tanta hambre como yo. Lamentablemente su carrera se vio truncada por un estruendo que marcaría el resto del día como un suceso digno de los libros de historia en el caso de que no significase el principio de nuestra extinción.

El suelo tembló como con un terremoto, algo que ya casi había olvidado. Muchos cristales se rompieron, hubo gritos, algunas mesas del bar se volcaron, y mi escalera, no fue ajena a los sucesos. Empece a tambalearme, intentando mantener el equilibrio, pero olvide un factor, el cachorro también había notado el temblor. Corría hacia mi con ojos de autentico terror y no dudo ni un segundo en abalanzarse hacia lo único que consideraba seguro. Hube deseado que fallara, pero atinó de pleno en mi pecho, y la gravedad hizo el resto.

-¡HIJO DE PUTAAAAAAAAAAaaaaaa.....!- sabia que el pobre animal no tenia la culpa, todos teníamos miedo, pero sentí la necesidad de blasfemar, a todo volumen, hasta quedarme sin voz.

Lo siguiente que sentí fue como algo mullido amortiguaba mi golpe, como si hubiera caído sobre un sofá. Unos segundos mas tarde, tras asegurarme de que solo me dolían algunas articulaciones y todo estaba en su sitio, me percate de que había caído sobre un taxi descapotable. Algún extraño tipo de suerte perversa me acompañaba ese día. ¿Que mas puedo decir?.

Tampoco tarde mucho en descubrir al cachorro sobre mi regazo, hecho una bola y temblando de miedo. El taxi estaba parado, oía gritos de gente, murmullos y bocinas. Había pasado algo, algo suficientemente gordo como para parar todo el trafico de la zona. Lamentablemente me incorpore en el asiento trasero de aquel taxi, y mire hacia atrás, de donde venia todavía un sonido como de una tormenta incesante. Y entonces lo vi, a lo lejos, el mar de llamas que se alzaba como una puerta al mismísimo infierno.
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Anette Watson
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Cuando sólo llevaba unas horas desde mi "llegada al mundo", el mundo decidió darme la bienvenida. Y lo hizo de un modo violento y terrorífico, gritando a mis confundidos oídos que nada iba bien, que no había despertado en una tierra de felicidad y hermandad. Me hizo descubrir el pánico.

Ya llevaba más de un par de horas caminando, observando como todo a mi alrededor seguía su curso natural. Estuve esforzándome en reconocer alguien, una cara que me sonase aún vagamente familiar, pero sin éxito: Cada persona era para mi un completo desconocido. Pronto desistí por el momento de mi intención de recordar algo, pues ya habría tiempo, primero necesitaba adaptarme mínimamente a ese mundo. Seguí paseando, esta vez observando calles y negocios, deteniéndome frente a varios escaparates y curioseando un poco. Pronto me di cuenta de que, si bien la ropa que yo llevaba quizá era común en el mundo en que vivía antes de ser criogenizada, no encajaba muy bien en este nuevo hábitat. La gente llevaba prendas más elegantes u ostentosas. Sin embargo, pronto eso empezó a cambiar y me sentí más anónima entre la gente que vestía de un modo mas similar al mío. Yo no lo sabía, pero se debía a que había abandonado el barrio norte y entrado en la región comercial.

Y entonces, sin previo aviso, sucedió.

Fue el ruido más terrorífico que había oído jamás. De pronto todo mi campo de visión se llenó de luz, y mi único instinto fue dejarme caer de rodillas, cerrar los ojos, cubrirme la cabeza con las brazos y temblar. No chillé, pero parece ser que esa hubiese sido la conducta adecuada pues toda la gente que había en la calle empezó a hacerlo. Y luego a correr. Mi postura aterrorizada no se mantuvo durante más que unos segundos pues alguien me golpeó en su huida y me arrojó al suelo. Me dolió un poco, pero apenas lo noté porque mis sentidos estaban desbordados debido a la avalancha de gente y a la cacofonía de gritos de terror que se había desatado a mi alrededor.

Entonces se produjo el milagro. Mientras esquivaba la gente que huía, aún insegura sobre si unirme a ellos o permanecer allí, volví mi cabeza hacia el lugar de la explosión, el origen de todo aquel caos. Y entonces se produjo una segunda explosión. Sin embargo, la gente no se alarmó aun más, ni el paisaje parecía más dañado. Tardé aún unos pocos segundos en darme cuenta de que la segunda explosión se había producido dentro de mi cabeza.

Había sido un recuerdo, despertado desde lo mas hondo de las profundidades de mi abismo amnésico particular. La alegría que me produjo eso eclipsó el pánico en un instante. Ignorando todo instinto de supervivencia, empecé a abrirme paso entre la gente, en dirección contraria a donde todos iban. Me dirigía hacia esos edificios en llamas y ruinas, en busca de más recuerdos.
Edited by Anette Watson, Oct 7 2008, 08:43 AM.
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Destino
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Las llamas crepitaban devorando con un color a caballo entre el carmesí más vivo y el verde más mórbido el mobiliario urbano con tesón. Los compuestos de los objetos comunes de la Argos eran a menudo tan ignífugos como podía ser un ser humano medio, lo que no garantizaba en ningún caso que la mayoría ardiese con la suficiente cantidad de fuego, ni el resultado de las reacciones químicas inesperadas como la combustión. Sin embargo poco a poco era más patente del origen antinatural de las llamas, tan apreciable como su singular tonalidad y virulencia. Cualquier duda del origen de aquella tormenta que consumía un pedazo de Argos se desvanecía irremediablemente en ascuas.

El sonido de la inminente llegada de los equipos de rescate iba irrumpiendo entre el caos de llamas y gritos. Las primeras valquirias se aproximaban al origen de la explosión sobrevolando los edificios proximos. Sus rostros se hallaban afligidos pero en el dolor su determinación crecía. Era cuestión de tiempo que los anticuerpos de la nave actuasen, pero el tiempo se consumía como una llama sin aire.



En el interior del local solo los cierres herméticos, el aire acondicionado y sabía dios que había impedido que las llamas salpicasen el interior. La proximidad con el centro mismo de la explosión habían convertido el lugar en un horno, un horno con fugas. Incluso a pesar de la relativa buena calidad de la mayor parte de edificios de la zona el pequeño local no había sido inmune a la onda expansiva, y así podía atestiguarlo la clientela y la hilera de estanterías antaño llenas de botellas de los más inexplicables origenes y colores, presas del temblor. Los dispositivos de climatización mantenían aquello en una temperatura veraniega opresiva pero soportable. En el exterior si bien las llamas habían pasado a convertirse en pequeñas manchas que salpicaban todo levemente (pues el verdadero volcán se hallaba en los tres edificios que habían sufrido desde el principio todo) podía observase solo mirando el aire que aquello se había vuelto un infierno. Salir fuera por la puerta principal no era una opción y nadie, ni clientela ni trabajadores, parecían tener mucho interés por moverse del agradable antro a menos que el edificio se cayese sobre sus cabezas. Desgraciadamente no estaban seguros de que aquello no fuese a ocurrir.




Jhh's había pasado a mejor vida. Si bien la diferencia con su deplorable estado anterior era poco más que funcional. Entre los escombros comenzaron a surgir los primeros robots, que constituian dos terceras partes de los inquilinos del ex-edificio (pocos seres vivos son tan pobres, estan tan desesperados o viven con tan poco y aguantan tanto como el androide obrero medio), si bien ninguno salió del percance con tanta facilidad como el mastodonte metálico de 355. A diferencia que el autómata su homólogos (al menos aquellos con suficientes extremidades para moverse y que habían logrado sobrevivir al enterramiento "vivos") comenzaron a excavar en la piedra y metal en busca de supervivientes. La gente que había presenciado el derrumbamiento se dividía entre los que proseguían con la histeria (si bien a aquella distancia de la explosión podían permitirse el lujo de huir sin actuar de manera rematadamente estúpida al no peligrar su vida de inmediato) y aquellos que se detenían a socorrer a los heridos, que venían siendo los que menos.



A unas escasas manzanas en dirección al epicentro las calles a paso agigantado se quedaban vacías de vida en un mar de vehículos varados. Mientras cuanto más lejos el éxodo de ciudadanos convertía cualquier avenida o calle en una autovía en hora punta a aquella distancia solo quedaba la sombra de lo que fue un intento de demasiada gente huyendo sin control y terminó siendo una carrera a pie. No quedaba nadie que pudiese considerar suyo aquel taxi sobre el que las posaderas de Donovan (y el resto de su cuerpo) yaciesen apoyadas. Tampoco es que el goteo ocasional de gente huyendo tuviese motivo alguno para detenerse a recriminar al detective su aterrizaje encontrandose su seguridad en entredicho. Un par de valquirias del ejercito cruzaron por encima del humano sin prestarle especial atención en la dirección opuesta al resto de la ciudad. Casi inmediatamente un sonido grave y rotundo irrumpió la calle y la atención del detective, asumiendo que tuviese todavía algún interés en las militares o en el espectáculo pirotécnico, se vió colapsada por el mismo. Un camión de bomberos con más similitudes con tanque cruzó la calle dirección al origen de la explosión llevandose por delante todo a su paso, inclusive vehículos, como diminutas piedras en su camino.



Pasada la marea principal la muchacha fue adentrandose en el mar de vehículos huecos e inertes. El miedo y la confusión habían dado paso a una calma igualmente perturbadora. Entre la turba llevada al pánico y aquellos que no habían escapado al corazón aquella 'tormenta' se hallaba aquel pequeño oceano como un ficticio punto geográfico. En el falso silencio el sonido de las sirenas inrumpió y pronto atravesó las aguas metálicas en forma de caravana encabezaba por un vehículo brindado que se desdibujaba como una de las unidades especializadas de los equipos de rescate y el terror de los atascos. El sonido de una pequeña nave teledirigida atravesando el espacio aereo siguiendo la comitiva revelaba que salvo que ocurriera algo imprevisto y extraño ya eran carne de avance informativo.

Cuando el equipo alcanzó el límite del alcance de las antinaturales llamas varios de los vehículos comenzaron a escupir hombres (en el más general e impersonal de sus acepciones, sin ser por necesidad varones ni por necesidad humanos). Otros cuantos comenzaron a rodear el perímetro. Las exploradoras y patrulleras de las valquírias ya se hallaban esperandoles en dicha posición. Aunque sus equipos se hallaban en camino y esperaban dotación especializada habían comenzado a trabajar ya, no se es miembro de un comando de elite esperando quieto a la artillería. Guardia y ejercito comenzaron a asegurar la evacuación de cualquier civil atrapado y sofocar el fuego con todos los medios disponibles. Mientras las evaluaciones iniciales no aventuraban nada bueno en el corazón del incidente el fuego guardaba propósitos ocultos.
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Max McLeane
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Tras una espera que se hizo más larga de lo que había podido imaginar inicialmente, su segundo día libre llegó y junto a él lo hizo su primera cita oficial con Clair. Como había planeado con Hibri, la llamó la noche del mismo día en que se conocieron y quedaron en verse otra vez, utilizando la misma piscina pública como lugar de encuentro. Partiendo de allí, fueron a visitar varios de los lugares que la mercenaria hibrida le enseñó el otro día. Sus consejos demostraron ser acertados, pues tanto él como Clair se lo pasaron bien. Fueron a comer a un restaurante de comida rápida bastante popular y luego al cine, a ver una película que ella misma eligió. No sabría decir en que momento pasó, pero durante la proyección sus manos coincidieron en el reposabrazos y de un modo totalmente natural acabaron fundiéndose la una con la otra. Max no pudo evitar fijarse más en Clair que en la propia película, cada vez más hipnotizado por la joven. Evidentemente, ella parecía compartir aquel peculiar estado de ánimo, cosa que hizo que la sensación general fuera la de estar flotando en el aire.

Al acabar la película, los dos se quedaron hasta que se encendieron las luces y el personal de limpieza entró para preparar la sala para la siguiente sesión. Max y Clair se dedicaron una mirada seguida de una sonrisa de complicidad, tras lo cual finalmente se levantaron y se dirigieron a la salida, aún de la mano. Justo cuando parecía que uno de los dos se disponía a decir algo, en realidad los dos a la vez, una terrible explosión sacudió el lugar. No tardaron en hacerse visibles las llamas por encima de los edificios, así como el polvo y el humo resultantes de la explosión. La joven pareja se quedó atónita mirando en dirección al incidente mientras la gente de la zona empezaba a darse cuenta de lo sucedido corría por doquier, alimentando la sensación de caos que empezaba a extenderse. Max no tardó en reaccionar, encarándose a Clair y sujetándola por los hombros para buscar su mirada y su atención.

- Clair, escúchame, tengo que acercarme a ver que ha ocurrido y ayudar si hay heridos. Toma esto, llama al primer numero de la lista y pregunta por el sargento Xantio, di que llamas de mi parte y avisa de lo que pasa, ellos mandaran ayuda. Mantente alejada del fuego y a cubierto, vale?

Max entregó su móvil a la joven y se dispuso a salir corriendo en dirección al foco de la explosión. Sin embargo, una voz a sus espaldas le dijo que esperara, cosa que hizo que se volviera. Era la voz de Clair, que lo había seguido aquellos pocos metros. La joven lo alcanzó nada más girarse y le dio un breve beso en los labios que lo dejó algo trastocado. La joven, bajo una mezcla de sensaciones de miedo, vergüenza y alegría, sonrió ante el estado del joven marine y trató de hacerlo reaccionar.

- Ve con cuidado, vale Max? Tenemos que acabar nuestra cita. Y ahora ve, soldado, tienes un deber que cumplir.


Claire sonrió y se alejó a la carrera, en un intento por no mostrar la preocupación que crecía en su interior ante la idea de que pudiera pasarle algo a Max. Aquello solo podía perjudicar al marine y éste necesitaba estar al 100%. Max tardó unos segundos en reaccionar a todo aquello, pero las palabras de Clair hicieron que su motivación fuera aún mayor. Tenía que ayudar en lo que pudiera, pero no pensaba dejar sin acabar aquella cita con Clair.

Decidido, el joven Marine llegó a la carrera al lugar de los hechos. El aspecto no podía ser peor, había dos edificios en llamas y un tercero había caído derrumbado y no era más que un montón de escombros del que poco a poco salían supervivientes medio enterrados. Estuvo tentado de ir en ayuda de los supervivientes, pero unos gritos provenientes del edificio en llamas más cercano hicieron que optara por intentar rescatar a esas personas. El calor era muy intenso y desaconsejaba cualquier intento de acercarse al edificio. Sin embargo, Max simplemente no podía quedarse de brazos cruzados. Sin perder tiempo, se acercó a una fuente cercana y se empapó entero en ella, subiéndose la capucha de la sudadera para que le cubriera la cabeza y las mangas para protegerse las manos. Tan protegido como pudo, se internó en el edificio en llamas. El interior estaba siendo engullido poco a poco por el fuego, pero consiguió alcanzar las escaleras y subir hasta el primer piso, el origen de los gritos. Por suerte para ellos, el foco del incendio estaba por encima de su nivel y el fuego haría arder más rápidamente los pisos superiores, pero era solo cuestión de tiempo que el peso de la estructura cediera y los aplastara. Empezó a escuchar las sirenas que indicaban que los servicios de urgencias se acercaban, lo cual lo tranquilizó dentro de lo posible. Sin embargo, debía llegar a aquella gente lo antes posible, podía ser que la ayuda tardara demasiado. Esquivando las llamas y cubriéndose el rostro con el cuello de la empapada sudadera, Max consiguió localizar el origen de la llamada de auxilio en un local al final del pasillo. Se trataba de una tienda de juguetes, en la que gran parte de la mercancía se había empezado a fundir y un enorme cartel medio derretido aprisionaba a un hombre vestido de dependiente junto al que había un niño de unos 10 años que trataba, sin éxito, de liberarlo. La llegada del joven marine hizo que el pequeño levantara la vista hacia él. Tenía la cara desencajada por el miedo, manchada por el hollín y con surcos de lágrimas cayendo por sus mejillas. El hombre del suelo parecía estar inconsciente.

El niño suplicó que lo ayudara, a lo que Max respondió sumando sus fuerzas a las del pequeño en un intento de levantar el pesado cartel. Sin embargo, no necesitó comprobar el pulso de aquel hombre para saber que estaba muerto. El cartel le había partido la espalda. Sin decir nada, Max puso la mano sobre las del chico, negando con la cabeza y causando involuntariamente que las lágrimas inundaran aún mas sus ojos. El niño lo supo enseguida, pero no pudo evitar la tristeza ante lo que había tratado de ignorar.

- Tenemos que salir de aquí, rápido.


El pequeño asintió, tratando de contener las lágrimas y pasándose la manga por la cara para secarse. Max no pudo sino admirar la entereza de aquel niño humano. Sin embargo, antes de que pudieran salir de allí el techo se derrumbó a sus espaldas, bloqueando el pasillo y su ruta de salida. Max se levantó, analizando con presteza las opciones que tenían. El local tenía un ventanal que daba a la calle, pero no podía abrirse. Por otro lado, si dejaba entrar aire allí dentro no haría más que alimentar el fuego. Solo tenían una salida, aunque desdeluego era arriesgado. Mientras comprobaba la dureza del ventanal y el lugar al que daba, Max se dio cuenta de que tal vez tendría que decirle algo al chico para tranquilizarlo. Lo que tenía en mente hacer no era precisamente una tontería.

- Cómo te llamas, chico?


El chico, que no había dejado de mirar el cuerpo del fallecido, levantó la mirada asustado. Tardó unos segundos en reaccionar, pero acabó contestando con voz entrecortada que se llamaba David.

- Muy bien, David, yo soy Max. Vamos a salir de aquí, vale? Pero tienes que ser valiente y hacer lo que te diga. Toma, ponte esto.


Max se quitó la sudadera empapada y se la puso a David. Al chico le iba grande, por lo que le ofrecía más protección. La camiseta que Max llevaba debajo de la sudadera también estaba mojada, por lo que al menos no se le prendería fuego. Acto seguido, Max se levantó y se acercó al ventanal. Dio tres pasos largos alejándose hacia el interior del local, se volvió hacia David y le extendió el brazo en clara señal de que se acercara. Hizo que se le abrazara al torso, rodeándolo con brazos y piernas. Dedicó unos segundos a calibrar el peso añadido que suponía el niño, flexionando levemente las rodillas. Era mucho peso, por pequeño que fuera el muchacho, pero no tenían otra opción.

- Agárrate fuerte!


Notando como la presa del chico se hacía más fuerte, Max corrió directamente contra el ventanal, atravesándolo en medio de una lluvia de cristal y llamas avivadas por el chute de oxigeno. El suelo empezó a subir hacia ellos, inexorable. Era solo un primer piso, pero el peso añadido de David hacía muy difícil aterrizar bien. Por suerte, Max consiguió agarrarse a una farola cercana y acabó aterrizando sin problemas sobre el asfalto, como un gimnasta tras realizar un gran ejercicio. Por suerte para él, algunos de los servicios de emergencia ya habían llegado y ya estaban empezando a socorrer a las victimas.
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Locke

Un fluorescente del techo parpadeaba, otros tantos yacían hechos añicos por el suelo, no es que hicieran falta, pues la luz artificial del exterior bañaba la estancia, manchada por la danzante luz de las llamas.
Locke se sacudió el polvo y la ceniza de encima, llevaba puesta una gabardina de cuero rojo muy cara, chasqueo la lengua al ver las manchas que su pequeña “aventura” había dejado.
“Maldita sea, es que todo lo malo tiene que pasarme a mí? “ pensó.

Levanto un taburete de tres patas, era de plástico y su estabilidad dejaba bastante que desear, y se sentó en el al tiempo que se dirigía al camarero con un gesto de la mano.

-Un gin tonic –El hombre, un ejemplar bajito y calvo, dirigió a su jefe una mirada apremiante, pero este, como todos los demás presentes estaban demasiado ocupados lamentándose o intentando comunicarse con el exterior.

- E… esta todo roto señor… -logró decir al cavo de unos largos segundos en que el neo humano lo apremiara con la mirada.- Ya sabe… por la explosión y eso…

-Pues ve a mirar en la bodega, cretino!
–Dijo Locke con un gesto exasperado, su pelo ondeo tras el siguiendo el gesto de su dueño y cambiando en una fracción de segundo de azul oscuro a dorado claro y de nuevo a azul, creando un destello luminoso que causo el efecto esperado, pues el hombre salió por patas en dirección a la trastienda a cumplir el encargo.

Locke se recostó de espaldas a la barra, primero miro al interior del local, destartalado y ruidoso, pues el propietario y uno de los presentes intentaban captar alguna señal con una pantalla de televisión acoplada a la pared más alejada del bar. Parecía que no todas las antenas habían caído, pero los canales estaban cortados por el gobierno, el ejército o quien fuera que se ocupara de ese barullo. Locke esperaba que dieran un parte tarde o temprano para explicar lo sucedido, quizá se tratara de un atentado terrorista, o un ataque externo… de ser asi las cosas se pondrían intensas… y él se lo estaba perdiendo! Debería estar en su cómodo sillón en su confortable salón con sus confiables contactos en el gobierno que le tendrían convenientemente informado del asunto.
Con un destello plateado en su melena en neo humano se giro hacia la gran puerta, el plástico del sello comenzaba a ennegrecerse por las llamas que lamian su superficie. Oyó un ruido ahogado y empezaron a pasar vehículos (prácticamente tanques) de los servicios de emergencia… pero que emergencia!!

En ese momento el camarero dejo un vaso de cristal a su espalda, Locke lo cogió sin dignarse a mirar al sudoroso humano, y es que hacia calor, mucho calor. El frio liquido bajo como una vaharada de vida por su garganta, vivificando todas sus fibras y renovando su determinación: tenía que salir de allí.

-Hoye, amigo –dijo dirigiéndose al camarero, que aun estaba tras de sí (le hoya jadear a causa del calor)- llama a tu jefe y pregúntale como se puede salir de este antro, túneles de ventilación, puertas traseras, pasadizos secretos medievales o espaciopuertos me da igual. –Y en ese momento se giro con una gran y amigable sonrisa en el rostro - Así podre pedir ayuda antes de que todos nos asemos aquí dentro.
Edited by Locke, Oct 18 2008, 01:54 AM.
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