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One Piece Great Tour Ciudad de Tyalis
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Complicaciones en el parto
Topic Started: Sep 22 2008, 04:38 PM (87 Views)
Anette Watson
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Al principio no podía ver, ni oír, ni oler, ni sentir, ni degustar. No había nada a mi alrededor, y yo tampoco era nada. La nada lo era todo, no existía un universo rodeándome... pero el universo, a pesar de no existir, tiraba de mí con furia para arrastrarme con él, fuera del vacío, de la nada, para dejarme caer violentamente contra el pavimento de la dura, fría y cruel realidad.

La primera percepción que soy capaz de recordar fue el dolor. Una intensidad terrible de dolor, extendiéndose por todo lo que, como luego supe, era mi cuerpo. A medida que la entropía abandonaba mis sentidos, identifiqué la causa de ese dolor: frío - un frío tan intenso que parecía amenazar con helar mi confuso y adormecido cerebro. Poco a poco, los segundos fueron pasando y yo despertaba más y más, en la misma medida que iba hundiéndome en una agonía mayor.

Primero descubría el sentido de la vista, sólo para darme cuenta de que estaba ciega; luego un pitido débil pero agudo y constante me advirtió de que tenía otro sentido: el oído. Cuando fui consciente de que estaba temblando de modo patológico es cuando descubrí el tacto, y a la vez la consciencia de mi propio cuerpo. Luego noté la sequedad de mi boca y salivé un poco para luego tragar, notando un sabor a producto sintético amargo que me hizo advertir el sentido del gusto. El olfato fue el último en regresar, y lo descubrí al darme cuenta del olor artificial que me rodeaba.

Poco a poco la luz blanca y cegadora fue perdiendo intensidad, pero tardé unos minutos en darme cuenta de que alguien me había cubierto con una manta. El pitido fue reduciéndose, y a medida que dejaba de resonar dentro de mi cráneo empecé a distinguir diferentes sonidos: un suave ronroneo de maquinaria, tan monótono que casi podría ser una canción de cuna; puertas automáticas deslizándose sobre el suelo; y algunas voces - aunque la confusión reinaba en mi demasiado aún para poder identificar o comprender nada de lo que decían.

Unas manos me asieron por los hombros y me incorporaron. Podía ver ante mí una silueta difuminada que recordaba a un ser humano, aunque no podía estar segura. Las manos, con firmeza pero sin brusquedad, tiraron de mí hasta hacerme levantar. Mis adormecidos pies no lograron sostenerme, pero la extraña figura me sujetó, impidiendo que cayese. Distinguía su voz, y ya lograba identificar su tono reconfortante, paciente, pero las palabras eran aún un misterio para mí. Noté un leve dolor en el brazo derecho. Luego supe que era porque me habían puesto una inyección en ese momento, pero cuando sucedió mis sentidos adormecidos no lograron discernir el origen de esa leve picadura. A lo que no fui indiferente, sin embargo, fue a su efecto. Pocos segundos después de que el fármaco penetrase en mi organismo, realicé el primer movimiento voluntario que soy capaz de recordar: me doblé hacia delante y vomité.

Eso era lo que mi cuerpo necesitaba, al parecer, porque desde entonces mi recuperación fue más rápida y algunas de las nubes de mi mente se despejaron. En una fracción de segundo que no he podido olvidar, y espero no olvidar jamás, adquirí consciencia de mi misma. Yo existía, estaba viva, tenía un corazón latiendo dentro de mi pecho y un cerebro procesando toda esa nueva información. Era ahora una pieza más en un universo infinito. Y entonces, como un hecho mágico capaz de cambiarlo todo, fui capaz de descifrar palabras. La primera unidad sonora con significado propio que interpretaba dijo algo como:

- ...stantes vitales son estables. Las anomalías ya han desaparecido. Todo ha ido bien.

Algo apareció en mi campo de visión, sobresaltándome. Me abracé a mi misma con los brazos en un acto instintivo de autoprotección, pero esta vez no se trataba de una amenaza. Un ser humano con bata blanca cuyo rostro soy incapaz de recordar se dirigió a mi en ese idioma que, aunque yo no creía haber usado o aprendido nunca, podía comprender casi perfectamente.

- Señorita Watson, hemos terminado. ¿Cómo se encuentra?

No respondí. Creo que lo único que hice fue mirarle con ojos suplicantes mientras me hacía algunas preguntas, al parecer algo desconcertado por mi silencio. Finalmente, tras una larga pausa en su comprobación, me atreví a hablar, a abrir la boca y expresar lo que sentía en mi interior.

- Y... Y-Yo... ¿Qué... ¿Qué ocurre? ¿Qui...en soy? T-t-tengo... tengo miedo.

Ahora no recuerdo la expresión en los rostros de los médicos, pero creo que soy capaz de imaginarla.
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Anette Watson
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Minutos después, me hallaba sentada en una silla, frente a una mesa, vestida con una bata de un color blanco gastado. Al otro lado de la mesa había un hombre de edad avanzada al que los demás se referían como "doctor Gurbner" y que luego supe que era el jefe de psiquiatría. El doctor alternaba su mirada entre unos papeles que había sobre la mesa y mi rostro. Tras unos minutos de silencio, por fin el doctor abrió boca por primera vez desde que le veía.

- Así pues, ¿no es capaz de recordar nada? ¿Ni siquiera sobre usted, su familia...?

Bajé la cabeza. Todos esperaban cosas de mí... cosas en las que yo fallaba. No sabía aún por qué, pero notaba que me percibían como una molestia, un engorro que había que solucionar.

- No...

El doctor reflexionó un instante antes de proseguir.

- ¿El apellido Watson le resulta familiar?

- No. ¿Debería? - dije yo. De repente, algo se iluminó en mi interior. Reconocimiento. - ¡Espere!

La expresión del doctor se relajó un poco, incluso se permitió un atisbo de sonrisa. Yo estaba contenta porque acababa de acceder a algo almacenado en mis recuerdos por primera vez, pero el hecho de que eso alegrase a Gurbner me emocionó aun mas. Procedí a explicarle mi recuerdo.

- ¡Creo que antes alguien de aquí ha dicho ese apellido! ¿A que sí?

La leve alegría del doctor dio paso a una grave decepción. Al parecer, mi respuesta era errónea, y eso volvió a ponerme triste.

- ¿Y de antes, no lo recuerda? - insistió él.

- ¿A... antes? ¿Antes de qué? - dije yo, confusa y aturdida.

- Antes de despertarse hoy aquí.

No respondí, pero al parecer mi cara fue todo lo que el doctor necesitó. Yo no tenía ni idea de a qué se refería. ¿Había habido un "antes" para mí? ¿Lo había habido para alguien? Por lo que yo sabía, el punto de partida del universo se remontaba a media hora antes, y no había nada anterior a eso. Pero al parecer estaba equivocada. Y por la actitud del doctor, mi error era grave.

- Mmm... Veamos... - dijo Gurbner, dubitativo. Tras un momento de deliberación interna, cogió el primero de los papeles que tenía en su lado de la mesa y me lo mostró. Pude ver muchas letras pero lo que llamó mi atención al momento fue una fotografía en color. - ¿Reconoce esta mujer?

La mujer de la foto tenía el rostro suavemente ovalado, pelo rizado de color castaño y unos ojos con iris color plata muy llamativos. Me quedé mirando la foto unos segundos, esforzándome, tratando de recordar. Pero no logré nada. Mi mente solo contenía la media hora que había pasado desde mi "nacimiento".

- N... No.

- Es usted. - dijo el doctor. Le miré con asombro, pero él prosiguió. - Y el apellido Watson es el suyo. Usted es Anette Watson. Por lo que veo... ha habido algún problema durante su criogenización o su despertar, y eso le ha causado amnesia. No se preocupe, probablemente irá recordando más y más detalles de su vida. Por ahora... - el hombre me entregó los papeles que tenía, entre ellos el que contenía aquella foto que, al parecer, era mía - ...puede leer esto. Es su ficha médica. No puedo hacer nada más por usted, lo siento. Espere aquí, una enfermera vendrá en un momento y le entregará sus pertenencias.

El doctor se levantó y pude ver el alivio en sus facciones por haberse librado de ese problema que era yo. Bajé la mirada hacia la ficha y empecé a leer la primera página. Antes de que el doctor saliese por la puerta, sin embargo, le interrumpí con una pregunta.

- Oiga... Aquí, en "información básica", pone "Inmunidad al Equidna: Negativo". ¿Qué es eso del Equidna?

Con un suspiro, el doctor se dio la vuelta y regresó hasta la mesa, tomando asiento de nuevo. Y ahí fue cuando empecé a conocer sobre el mundo al que acababa de llegar.
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Anette Watson
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Casi una hora después me encontraba en la calle, a las puertas del hospital donde había "nacido", vistiendo la ropa que, al parecer, llevaba el día de mi criogenización. Junto a ella, había recibido un sobre con una carta de Robert Watson, que según mi ficha médica era mi padre... Y llevaba muerto mucho tiempo. O muerto o convertido en un monstruo, si lo que el doctor Grubner me había contado sobre el virus Equidna era verdad.

Mi ropa consistía en unos tejanos ajustados, unas botas negras con algo de tacón que terminaban justo encima de mis tobillos y una blusa azul cielo muy "fashion". También tenía un reloj de pulsera y un par de pendientes dorados. En cuanto a la carta de mi padre, era una nota de despedida. Sin duda estaba escrita para alguien que tuviese unos recuerdos concretos, pero yo no los tenía, porque había muchas referencias a momentos del pasado y a personas que no era capaz de identificar. Sin embargo, la carta me proporcionaba algo, algo vital para una persona sin memoria, perdida y asustada como era yo: Un objetivo, al menos inmediato.

"Te he ingresado suficiente dinero para poder vivir cómodamente mucho tiempo. Puedes acceder a él desde el Banco Unificado de Argos."

Esa línea me daba un sitio al que ir, algo que hacer. Según mi ficha, yo no tenía familia en la Argos. Y, si tenía amigos, no podía recordarlos. No tenía tampoco un hogar al que dirigirme. Así que, por ahora, seguía la única pista que tenía. Con eso en mente, me dirigí a la sucursal del BUdA mas cercano, siguiendo las indicaciones de la enfermera, que había resultado mucho más amable que el doctor Grubner.

Tuve que recorrer un par de calles, y en el tiempo que me llevó no pude dejar de mirar a mi alrededor con asombro. Así pues, eso era una enorme nave espacial donde vivían los restos de la humanidad, huyendo de un mundo que ya no nos pertenecía y de un virus que nos arrebataba nuestro cuerpo y nuestra mente... y al que yo era vulnerable. La verdad es que, por el momento, saber más sobre mi mundo no me había reconfortado, mas bien al contrario: Aún tenía más miedo.

Con esos pensamientos en mente seguí andando hasta llegar a la sucursal del BUdA. Me quedé frente a las puertas, dubitativa. Según la carta, yo tenía allí mucho dinero, pero no iba a tocarlo por ahora, más que para sacar lo justo para poder dar una vuelta, conocer un poco la ciudad y permitirme algún capricho. Tras deliberar, entré, reuniendo la poca decisión que hallaba en mi interior.

- Buenos días, bienvenida al Banco Unificado de Argos. Le atiende M.O.L.L.Y., ¿en qué puedo servirle?

La voz pertenecía a un cilindro rojo con varios resortes, ranuras y pantallas que había en un rincón de la sala principal del banco. Una cámara móvil me había fijado desde que había entrado y parecía estudiar cada movimiento mío. Mi primer pensamiento fue que eso llevaba un transmisor desde el que alguien hablaba, pero luego recordé lo que me acababan de contar sobre máquinas inteligentes y acabé deduciendo que M.O.L.L.Y. pertenecía a ese segundo grupo. Me acerqué tímidamente, pues no sabía muy bien cómo dirigirme a un pilar giratorio parlante.

- Bu... Buenos días, señorita M.O.L.L.Y. Verá... acabo de despertar de criogenización y... bueno... se supone que tengo dinero en este banco así que... a ver... quería sacar algo de dinero, no sé...

La primera ventaja que encontré a ese robot fue que no se impacientaba ni te interrumpía. Esperó a que yo terminase mi vago discurso sin emitir ni un pitido. Cuando terminé, respondió con su tono neutro de voz.

- Por supuesto. Estaremos encantados de atender sus necesidades. Por favor, indíqueme el nombre del titular de la cuenta.

- Ah... Um... Su-supongo que soy... ejem... yo... A... ¿Anne? - miré la ficha médica que aún llevaba en la mano - Anette, eso... Anette Watson.

Una luz se encendió en un punto del cuerpo cilíndrico de M.O.L.L.Y. y empezó a parpadear. - Un momento, por favor. Su petición está siendo procesada. - La espera fue breve, pues pronto la luz se apagó y la voz digitalizada volvió a sonar - Datos bancarios disponibles. Por favor, teclee la clave de seguridad para proceder.

Palidecí de golpe. Claro, ¿cómo no había pensado en ello? Ningún banco me daría dinero sin hacerme introducir una contraseña, número secreto o similar. - A... Ah... Verá... Te-te-tengo un certificado médico... um... que... que declara que sufro amnesia. No puedo recordar mi clave, jejeje... jeje... je... je... - mi risa se fue apagando, porque realmente no había motivos para reír. Entonces, ¿tenía una enorme fortuna, y quizá algunas respuestas, ahí esperándome, y no podría reclamarlas por culpa de una maldita clave? Rezaba para que M.O.L.L.Y. fuese comprensiva, pero ya me estaba preparando para recibir una patada en el culo...

- No se preocupe por nada, señorita Watson. No hay problema.

- ¿CÓMO DICE? - exclamé, sorprendida. Sin duda para esa respuesta no estaba yo preparada.

- El Banco Unificado de Argos posee un sistema alternativo de identificación basado en la comparación de muestras de ADN. Los clientes entregan una muestra de su ADN al abrir sus cuentas, y así pueden acceder a ellas aunque olviden su clave de seguridad. Si quiere, podemos realizar la identificación mediante ADN ahora mismo.

- Ah... uh... pues... claro, de acuerdo... - respondí. La verdad es que aún no me había acostumbrado a todo eso, a ese mundo, pero la verdad es que había entendido perfectamente a qué se refería M.O.L.L.Y. con lo de identificación por ADN. El doctor Grubner ya me había contado que la amnesia había hecho desaparecer recuerdos, pero no conocimientos. Al igual que sabía hablar y andar, también conservaba mucho de lo que había ido aprendiendo durante mi vida.

- Pulse este botón, por favor. Debe hacerlo sin guantes ni nada que recubra el dedo, y no puede utilizar miembros sintéticos para ello. Si todos sus miembros son sintéticos, por favor dirijase a la ventanilla 3.

Se encendió una lucecita azul sobre un botón. Lo pulsé, y al acto aparté la mano, pues había notado un dolor agudo en la yema del dedo. Vi que tenía un pequeño pinchazo en la piel.

- Muestra de sangre extraída. Iniciando comparación de ADN. Un momento por favor. - dijo M.O.L.L.Y. Varias luces parpadeaban en su cuerpo cilíndrico, supuse que indicando actividad interna. - Comparación finalizada. Resultado: Negativo. Lo siento pero no podemos garantizarle acceso a esa cuenta.

- ¿Ne... Negativo? ¿Como? ¿Que significa eso? - pregunté yo, totalmente desconcertada.

- La dirección del Banco Unificado de Argos se disculpa. Varias de las muestras tomadas antes del despegue de la Argos corren el riesgo de haberse contaminado y no dar resultados fiables. Dado que no podemos validar su identidad mediante ADN, lamentamos comunicarle que debe introducir la clave de seguridad para acceder a su cuenta bancaria.

Y así empezó mi nueva vida: Sin nadie, sin nada, sin recuerdos. Sólo tenía la ropa que llevaba encima y unas "hipotéticas" riquezas a las que no podría acceder hasta que mi memoria regresase. Abandoné la sucursal del BUdA y, sin tener un sitio adonde ir, empecé a andar por las calles. Al parecer no me quedaba otra opción que empezar de cero en un lugar desconocido e inhóspito... Ante tan prometedora perspectiva, no podía sino temblar de miedo.
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