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One Piece Great Tour Ciudad de Tyalis
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Nuevo recluta, nueva vida
Topic Started: Jul 18 2008, 10:07 PM (222 Views)
Max McLeane
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Max esperaba impasible, oculto tras la nota de recomendación que el administrativo examinaba en alto. No debería ser extraño recibir un recluta con recomendación, pero tal vez no era tan habitual una de un grado tan alto. También podía llamar la atención que se recomendara a un crío de 15 años, pero en su ficha ponía bien claro que se trataba de un neo humano y aquello debería bastar para quitarle espectacularidad al asunto. Vale, había neo humanos de muchos tipos, pero la lógica empujaba a pensar que la recomendación era por algo. Finalmente, tras una última alternancia de miradas entre Max y la nota, el administrativo estampó un sello en una hoja, enganchó la recomendación tras ella y le alargó el conjunto para que firmara en la primera página.

Tras completar aquella formalidad, siguieron otras. Exámenes médicos, psicotécnicos y demás que Max completó con nota sobresaliente. Finalmente, pasó por suministros y salió con todo el vestuario que necesitaría para su andanza en el cuerpo de marines. Se le asignó un barracón, el del sargento instructor Xantio. Su padre quiso que se le asignara a aquel regimiento, pero no le dijo el motivo. De camino a su habitación pudo comprobar el más o menos normal y habitual movimiento de las zonas comunes, marines de permiso jugando al billar, charlando animadamente o jugando a los dardos entre otras cosas. Sin despertar demasiada expectación, llegó a su habitación y dejó sus cosas sobre la cama. Era una habitación sencilla, pero no necesitaba más. Puso cada cosa en su sitio y procedió a quitarse su ropa de civil para vestirse con unos pantalones militares y una camiseta. Tras atarse las botas, decidió ir a dar una vuelta por el barracón para familiarizarse con la disposición y con las caras. La primera revista no tardaría en llegar, pero hasta entonces tenía tiempo de adelantar trabajo. Con la discreción que le era tan natural, Max salió de la habitación dispuesto a saber todo lo posible del que ya era su nuevo hogar.
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Lance
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Lance salía de los baños comunes tras haberse afeitado y haber deleitado a sus compañeros con su voz de tenor, que "amablemente" le pidieron a parte de callarse, que se metiese la pastilla de jabón en la boca para ayudar a ello; mas hizo caso omiso y se calló cuando le salió de sus santísimos cojones. Iba vestido con un pantalón corto militar, camiseta de tirantes y chanclas; en su mano izquierda llevaba el bote de espuma y la cuchilla:

-Vaya, o Carl ha encogido y se ha desteñido o hay alguien nuevo...

Pensó el yanki con una sonrisa en la cara; al acercarse se percató que el nuevo militar era un chaval neo humano de unos 14 o 16 años de edad, no podría asegurarlo, se le daba mejor calcular la edad de las mujeres. Al ponerse a su altura le saludó al modo militar tradicional:

-Bienvenido muchacho, se presenta Lance Woodstock. Acabas de llegar, no?

Prefirió no decir su rango, demasiado tenía con recordar que algún capullo le fastidió el contrato y por ende le degradaron.
Edited by Lance, Jul 18 2008, 10:28 PM.
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Max McLeane
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Max pudo andar más o menos a sus anchas por el barracón, sin despertar demasiada expectación. Ya fuera por su discreción o por la falta de atención de los marines de permiso, su presencia paso inadvertida hasta que un hombre corpulento, que parecía salir de acicalarse en el baño, se presentó como Lance Woodstock. No sabría decir si fue por su formalidad al saludar o por ser el único que había mostrado un mínimo de interés en algo nuevo de su entorno, pero el tal Lance consiguió de Max que lo tratara con el respeto que se acababa de ganar, por más que fuera un simple humano. El hecho de omitir su graduación, sumado con su edad un tanto avanzada y el encontrarse en aquel lugar y con aquel aspecto no hacía pensar que fuera más que un soldado raso. En todo caso, él tampoco podía atribuirse una graduación, al menos por el momento, pero su mera condición de neo humano ya lo ponía por encima de él. Por el momento, se limitó a contestar al saludo y a responder con formalidad.

- Max McLeane. En efecto, acabo de llegar. Estaba familiarizándome con el lugar.

Aquel sujeto parecía bastante integrado en la dinámica del barracón. Sabía que uno de los objetivos de que su padre lo mandara allí era aprender a desenvolverse y veía a aquel hombre como una buena referencia a estudiar. Además, el Doctor West le decía que tenía que intentar llevarse bien con aquellos que le podían aportar cosas, por más que fueran seres inferiores. En un intento por satisfacer aquellas sugerencias, Max alargó la conversación más de lo que lo hubiera hecho normalmente. Sin embargo, su expresión distaba mucho de ser cordial o amable, uno no podía cambiar de un día para otro por más que lo quisiera.

- Hay algo en especial que debería saber? Deduzco que el baño está en esa dirección.

No era difícil deducirlo, pues el aspecto de Lance era delatador, así como su olor y los enseres que transportaba. Estaba claro que Max no iba a usar aquellas instalaciones para aquello. No solo era lo bastante joven para no afeitarse, sino que seguro que en toda su vida necesitaría hacerlo. En su cuerpo no había nada que no debiera tener, incluido el vello corporal que tan poco agradaba a su madre. De todos modos, podía beneficiarse de las instalaciones de otros modos, tal vez permitiéndose una ducha refrescante para quitarse el ajetreo del primer día.
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Lance
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Vaya, directo al grano, así le gustaba la gente joven y no emporrándose hasta las cejas con alguna variedad de planta alienígena desconocida modificada genéticamente:

-Sí, allí están los baños, cuanto más madrugues más limpios estarán...

Le puso la mano en el hombro y sonrió como podría hacerlo un sargento orgulloso de su pelotón:

-Chico, hay muchas cosas que deberías de saber, algunas sólo las aprenderás con la experiencia, pero para las demás soy tu hombre. Voy a dejar esto en mi habitación, mientras te voy contando algunas cosas y no tengas problemas con preguntar.

Tan joven y ya en el ejército, el Tío Sam estaría tan orgulloso de él que lloraría:

-Bien, las máquinas de sandwiches de abajo están todas de decoración, ni se te ocurra coger algo de ahí o tendrás una colitis que te durará hasta que te cambie la voz. Las máquinas de chocolatinas funcionan correctamente y están al día y bien surtidas.

Iba caminando tranquilamente hacia su habitación mirando de vez en cuando al recién llegado:

-Nuestro sargento de instrucción es un gran tipo, literalmente, y lo cierto es que tiene las pelotas cuadradas, te caerá bien. Hora de levantarse, depende del día, aunque suele ser a las 6 para hacer alguna caminata, de todos modos el bocinazo te despertará sí o sí y que el Tío Sam te pille confesado como Xantio te pille durmiendo.

Entró en su habitación haciendo un gesto para que le siguiera. Abrió el armario y guardó todo lo que llevaba:

-Hora del rancho, las 3:00, ni se te ocurra pillar la sopresa de atún, la llevé a una "amiga" que tengo en la división científica y aún no han descubierto qué es...

Dejó de hablar haciendo una pausa en espera de si tenía alguna duda en específico, con los neo humanos nunca se sabía cuando callaban porque tú estabas hablando o porque no tenían dudas o nada que comentar o porque lo que les decías no les interesaba en nada.
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Max McLeane
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Ya fuera por su forma de ser o por haber dado con alguien lo bastante predispuesto a escucharle, Lance se soltó y contestó la pregunta de Max con mayor extensión de lo que el joven hubiera podido esperar. De algún modo, parecía haberse nombrado a sí mismo como su guía en aquél, su nuevo hogar. Tampoco es que fuera del desagrado de Max, pero realmente no se hubiera esperado. Se esperaba una actitud más austera hacia él. Los soldados tenían fama de ser desagradables con los reclutas y los humanos especialmente con los neo humanos. Envidia, miedo, tal vez, pero Max bien podía haber dado con una excepción a aquellos tópicos. También podía ser que fuera una trampa y que quisiera gastarle una novatada, uno de aquellos eventos que muchos regimientos tomaban como casi una obligación o incluso un rito de iniciación.

Max decidió dejar de comerse el coco y se limitó a seguir a Lance a su habitación, escuchando en silencio y observando todo lo que le señalaba el veterano soldado. La información fue de lo más variopinta y bastante poco estructurada. Las recomendaciones alimenticias fueron debidamente asimiladas, pero lo que de verdad empezó a captar la atención del joven recluta fue la información sobre la rutina del barracón y sobre su superior al mando. Había leído sobre el Sargento Xantio y no le fue difícil cuadrar la información con la suministrada por Lance, previa eliminación de su cada vez más característica parafernalia lingüística.

Ya en la habitación de Lance, básicamente como la suya, no pudo dejar de observar la disposición de sus bienes personales. Por la cantidad de posesiones por ahí repartidas, pudo deducir que hacía su buen tiempo que estaba allí. Su habitación estaba prácticamente desnuda, en comparación, pero no tenía claro que llegara a acumular tal cantidad de cosas. Tras la indicación sobre el rancho y la sugerencia referente al preparado de atún, Lance guardó silencio. Max se enteró un segundo más tarde. Había estado prestando atención a las explicaciones mientras observaba la habitación, pero la desaparición de aquella voz de fondo reclamó su atención.

- Nada de atún ni de sándwiches de máquina, lo recordaré.

Claro que aquello era lo menos relevante de la información que le había dado, pero dejar claro que no había menospreciado ni la menor pizca de información le serviría para certificar que estaba asimilando lo que le decían. No creía tener problemas con la disciplina, toda su vida había sido disciplina. Max, que seguía de pie junto a la puerta sin tomarse la libertad de adentrarse más en la habitación ni acomodarse, guardó silencio de nuevo para que Lance siguiera con su resumen de bienvenida. Imaginaba que solo había sido una pausa para aclarar dudas, pero que había mucho mas por explicar.
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Lance
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Lance asintió, sacó del armario unos pantalones militares normales y sus botas:

-Exacto, bueno, sigo; no tenemos permiso para salir de las instalaciones militares salvo que estemos de permiso, que entonces puedes hacer lo que quieras, o en alguna misión ya sea algo gordo o simplemente patrullar para dejarnos ver. En condiciones normales debemos de estar en nuestro barracón a las 8:00.

Se puso los pantalones y se empezó a atar las botas sentado en su cama:

-La cena es a las 9:30 y las lucen se apagan a las 11:00. Si te pillan por los pasillos di que te estabas meando, aunque tuvieses hambre y fueses a por una chocolatina, si no estarás en problemas.

Se puso en pie y golpeó dos veces el suelo con cada talón para asegurarse de que estaban correctamente abrochadas.

-La gente por aquí suele ser agradable y simpática, sobretodo las chicas, ya me entiendes. Pero si alguien te viene diciendo la cursi-frase "podemos ser amigos" "yo te arrasco la espalda y tú a mí" y demás chorradas similares, es que no tiene suficiente seguridad en sí mismo y por tanto es débil. Somos marines, debemos de confiar nuestro culo al compañero de al lado sí, pero antes tenemos que haber aprendido a limpiárnoslo nosotros mismos, me entiendes?

Preguntó cruzándose de brazos con una sonrisa en la cara.
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Max McLeane
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Max tomó nota mental de todo aquello. Tenía la sensación, por el tipo de información que Lance le suministraba, que aquel soldado tenía bastante práctica en lo referente a jugar con los límites de la disciplina. Pos así decirlo, difícilmente se encontraría él con la necesidad de ir al baño durante la noche, ya no digamos ir en busca de una chocolatina. Justo cuando empezaba a catalogar a Lance como el típico espabilado, el último comentario hizo que su respeto por él creciera sensiblemente. No era un simple espabilado, había algo más ahí abajo, competencia, como mínimo, pues nadie criticaba a la gente por hacer algo que uno mismo hacía, no al menos de ese modo. Satisfecho por encontrarse con alguien con ideas similares, Max asintió a la vez que dejaba ver que él estaba en las mismas.

- Tranquilo, hace tiempo que aprendí a limpiarme el culo yo solo. Tendré en cuenta el consejo, gracias.


Daba la impresión que Lance ya había acabado de vestirse, por lo que aquello lo dejaba libre para seguir guiándolo por el barracón. Había toda una serie de lugares que quería saber dónde se encontraban lo antes posible, pues entendía que eran vitales. Uno de ellos era el almacén, donde se guardaban las armas y armaduras de los marines. Su equipo debía haber llegado ya allí. Evidentemente, no podía levar armamento encima en aquella zona, pero quería asegurarse de que todo estaba en orden y, si se daba el caso, practicar un poco el tiro y todo.

- Mi equipo debería haber llegado ya al almacén de suministros, te importaría mostrarme donde esta? Prefiero tenerlo todo controlado antes de que realmente lo necesite.

Max esperó la respuesta junto a la puerta, de pie y con las manos a la espalda como había permanecido todo el rato en la habitación.
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Lance
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Lance asintió levemente a la petición del muchacho:

-Claro que sí hijo, haces bien en tener controlado tu equipo. Un hombre no es nada sin una cerveza, su arma y su armadura y tú como aún eres menor estás exento de la cerveza.

Tomó al chico por el hombro al salir y le encaminó hacia las escaleras del bajo:

-El almacén está en el bajo por cuestiones prácticas, si tenemos que salir de aquí cagando leches sólo hace falta bajar y coger el equipo para salir por la parte de atrás.

Atravesaron la zona de ocio, en la cual algunos cuantos hombres y mujeres saludaron a Lance, tras hacer unas breves presentaciones prosiguieron su camino hacia el almacén. El depósito de armas se encontraba al final de un largo pasillo que se encontraba en la zona de ocio. Al llegar vieron que estaba cerrado con un enrejado bastante sólido y detrás del mismo había un hombre negro con una revista de pasatiempos:

-Buba aún no has acabado el crucigrama?

Preguntó Lance aguantando la risa. El guardia del almacén suspiró y dejó la revista en el suelo:

-El puto crucigrama está en neo-mandarín y la verdad que controlo menos ese idioma que pa qué... Bueno, qué queríais?

Preguntó Buba mirando alternativamente a Lance y a Max

-El chico viene a asegurarse de que su equipo ha llegado y está bien.

Nada mas oirlo el guardia apretó un botón en la pared y parte de la sección de la verja metálica despareció:

-Compruébalo tú mismo, lo he dejado en la taquilla número 143, porque supongo que tú eres Max, no?
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Max McLeane
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De camino al almacén, Lance le fue presentando a algunos conocidos que encontraron. Al parecer, el marine era bastante popular y ni que fuera por eso ya había valido la pena juntarse con él. La situación de su destino no le sorprendió demasiado. Tal como dijo su guía, situarlo en la ruta de escape hacía más fácil acceder a el en caso de emergencia. Como no podía ser de otro modo, Lance parecía llevarse bien con el encargado del almacén. Empezaba a preguntarse si había alguien que no lo hiciera. El susodicho encargado, llamado Buba, parecía trabado en la resolución de un crucigrama en neo-mandarín. Hubiera podido ayudarle con eso, puesto que tenía nociones de esa lengua, pero no veía por que debería haberlo hecho. No era más que un crucigrama, si se lo resolvía no tendría ningún sentido hacerlo. Sin perder más tiempo, Lance le informó del motivo de su visita. Buba les abrió paso al interior y lo informó de que sus cosas estaban en la taquilla 143, dando por supuesto que eran suyas.

- Afirmativo, yo soy Max McLeane.

Sin perder más tiempo, Max se dirigió a la taquilla en concreto y la abrió para examinar su contenido. En primer lugar sacó de ella un rifle de asalto modificado. Se trataba de un arma de cañón largo, precisa, pensada para el fuego de precisión más que para una lluvia de fuego. No llevaba cargador, normas de seguridad, pero el tamaño no excedería las 50 balas. Max lo tomó en sus manos y realizó una serie de comprobaciones rutinarias. Lance pudo advertir que aquella arma era de buena calidad y que Max la manejaba como si fuera una extensión de si mismo. Tras finalizar las comprobaciones, el chico la volvió a dejar en la taquilla y sacó de ella lo que parecía ser un mono de goma o similar de color negro. Era de una sola pieza y tenía varias zonas endurecidas para ofrecer más protección. Max la examinó con detenimiento. Finalmente, el chico dejó la prenda en un banco cercano y empezó a desnudarse sin dar la menor importancia. Aquel tipo de armaduras eran muy ceñidas para ofrecer el máximo de movilidad y todo lo que llevaras bajo ella podía resultar tremendamente incómodo a menos que fuera también muy ceñido. Max tardó un minuto escaso en ponerse su armadura, reflejando la práctica que tenía en el proceso. Aquello permitió a Lance fijarse mejor en la protección. Tenía refuerzos en las zonas vitales, pero dejando las articulaciones libres para moverse sin dificultad. Max completó el atuendo calzándose unas botas a juego poniéndose la capucha que cubría la cabeza. Bajó la visera protectora e invirtió unos segundos en comprobar los sistemas de la armadura.

- Todo en orden, gracias por esperar.


Max deshizo el proceso y volvió a vestirse con su ropa anterior, dejando la armadura y el arma en la taquilla.
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Lance
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Lance acompañó al muchacho a que revisase su equipo, esperando paciéntemente se entretuvo estudiando su arma y su armadura, el arma le parecía de buena calidad aunque él era más amigo de las cosas de gran calibre y mucha cadencia de fuego. En lo relativo a la armadura, los monos ajustados le encantaban, pero en mujeres de buen ver:

-Será mejor que vayamos a las habitaciones, el sargento Xantio no debería de tardar mucho en pasar revista.

Tras que dejasen atrás a Buba y empezasen a subir las escaleras para las habitaciones, Lance rompió el silencio:

-Tienes algún hobbie muchacho?
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