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One Piece Great Tour Ciudad de Tyalis
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Negocios con el "bueno" de Ed
Topic Started: Jul 11 2008, 12:47 PM (252 Views)
Hibri
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Otro día más en aquel pequeño y acogedor infierno que era el Barrio Sur de la Argos; en aquella ocasión Hibri había madrugado para dar un paseo con tranquilidad mientras se dirigía al negocio de Recambios de Ed. Desde hacía tiempo le conocía debido a que mantenían ciertos negocios, Hibri se cargaba a algún robot descontrolado, cobraba la recompensa y vendía el "cadáver" a Ed para que sacase lo que pudiera; aunque en esta ocasión no iba a venderle nada, si no para ver si había encontrado las piezas para arreglar sus aeropatines y si de hecho, los había arreglado.

Mientras caminaba tranquilamente se paró delante de un puesto ambulante de perritos calientes, se notaba que el Neo Humano que lo llevaba sabía bien escoger las zonas del barrio ya que por ahí solían pasar los obreros y por ende la seguridad y las ventas podían ser mucho mayores:

-Hey, chico, dame uno y no te cortes con la mostaza

-...

Sólo hubo silencio como respuesta al mismo tiempo que el sujeto cuasi cual maniquí automático empezó a hacer el perrito caliente con rapidez y habilidad pasmosa. Los Neo Humanos a veces podían resultar exasperantes a la hora de tratar con ellos, pero su habilidad en su trabajo era incuestionable:

-Gracias, puto cabrón...

Añadió Hibri en un siseo extendiendo la mano con el dinero exacto por el perrito. Suspiró en espera de al menos una señal de despedida del comerciante, mas no la hubo. Jodidos muñecos de trapo que podían ser si se lo proponían...

Al poco de acabar el perrito caliente llegó al solar de Ed, miró en todas las direcciones para ver si le veía vendiendo alguna aeronave de segunda mano y allí estaba. Hibri se acercó con parsimonia en espera de que acabase la venta, aunque algo en su interior le decía que no había tenido tiempo para buscar las piezas y por ende de reparar los patines, aunque quien sabe, tal vez se llevaba una sorpresa. Cruzada de brazos se apoyó ligeramente en una aerocamioneta cercana, iba vestida con unas zapatillas de deporte blancas algo ensuciadas, un pantalón vaquero ligeramente rajado, camiseta blanca impecable y una cazadora de cuero negra, para tranquilidad de Ed (para asegurar su venta y "buena" imagen) hoy no había ido con ningún arma ni con su indumentaria de "trabajo", aunque esto último le fastidiaba las "vistas".
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Kyros
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Efectivamente, allí estaba Ed… El orondo mercader cargaba con sus cincuenta años como si estos fueran un peso físico sobre sus hombros, aunque al principio dio la sensación de que se encontraba con un cliente, a medida que se fue acercando la cosa fue cambiando poco a poco.

El supuesto cliente era en realidad un canijo, Híbrido también, que estaba prácticamente colgado de una palanca que había introducido entre el capó y el fuselaje de la aeronave más echa polvo que la Guardiana recordara haber visto en un buen periodo de tiempo. Al parecer los esfuerzos del chico iban destinados a abrir el capó, abollado seguramente a causa de un accidente aunque a juzgar por los nulos resultados de su esfuerzo, más parecía estar haciendo ejercicios gimnásticos que otra cosa.

Cuando llegó a una altura media de ellos, Ed giró la cabeza hacia ella, reparando en su presencia. Casi al instante, su actitud cambió radicalmente del tipo serio que da instrucciones a su empleado al vendedor voraz y carismático que ve ante sus ojos la presa del día… Y, para colmo, una presa de las que a él le gustaban… Hacía tiempo que conocía a Hibri y la tenía en muy alta estima, no a por su amabilidad o buen sentido del humor, si no por la altitud que debía alcanzar el metro al ceñirse sobre algunos de los puntos de la anatomía femenina que más alegría le daban al cincuentón…

Tras dar unos pasos hacia ella, el orondo mercader abrió ambos brazos y puso morritos.

-¡Pero si es Hibri, mi cliente número uno! La musa de mis amores: Nena, con solo tenerte aquí este lugar se inunda de una gloria casi celestial, de un ambiente divino de una clase digna de palacio, de…

-De babas… –Le interrumpió el chico, que seguía colgado de la palanca y miraba a Ed con una desabrida mueca de burla pintada en sus facciones.

Por toda respuesta Ed emitió un gruñido mirando al joven antes de devolverle la atención a la mujer.

-Curiosamente estaba pensando en ti, verás, me han llegado algunas maravillas increíbles, ven, fíjate en esto…

Con un gesto acogedor, volvió la atención de la fémina hacia una pequeña aeronave de tipo utilitario y diseño aerodinámico en color negro metalizado que había junto a ellos.

-Puro magnetismo, pura sofisticación, pura tecnología, puro acero toledano comparada con esas babuchas flotantes que media Argos conduce… Ideal para ti, robusta, veloz, fuerte, sinuosa…

Antes de que Hibri tuviera tiempo de replicar o de mandarle a la mierda de un guantazo, el orondo humano dio una fuerte palmada sobre el fuselaje de la aeronave, propiciando, sorprendentemente, que las dos puertas laterales de la máquina emitieran un chirrido y provocaran un fuerte golpe al caer al suelo.

En silencio, Ed no dejó de esgrimir su maravillosa sonrisa de vendedor (estaba muy orgulloso de esa faceta suya) aunque con un tinte de constricción oval que lo delataba. Tras volverse hacia el joven torció los labios y murmuró, con voz de ultratumba…

-¿Pero no te dije que arreglaras las puertas de esta chatarra hace dos días, pedazo de vago redomado?

El chico se descolgó de la palanca y, pensativo, hizo memoria.

-Ahora que lo dices… Sí… Sí, creo recordar que dijiste algo… Pero te olvidaste de pagarme por adelantado…

-¡Yo le mato…!

Tras mirar a un lado, recordando que Hibri seguía ahí carraspeó y recuperó la compostura, devolviendo a su rostro esa sonrisa de ensueño (o pesadilla, una de dos) y asintiendo levemente.

-Supongo que estás aquí por tus aeropatines…
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Hibri
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Aquel "canijo" de híbrido le había caído bien, poca gente se atrevía a cantarle las verdades a Ed, seguramente por si acaba escupiendo y les pegaba algo... Hibri suspiró pesadamente al ver los intentos de Ed por endosarle "una joya" de aeronave, gracias a los dioses o a que el chaval no reparó a tiempo el vehículo no tuvo que morderse más la lengua ya que Ed fue directo al grano:

-Sí, vengo a por mis rajados aeropatines, los tienes listos? Y más aún, si me los pongo seguiré viva? O acabaré partida por la mitad y con mis tripas desperdigadas por media Argos en espera de que las Furias vengan a por tí por peligro público?

Aunque Ed no dudase de la "honradez" de Ed, Hibri sí que dudaba por su propia seguridad y prefería ponerse una vez roja que tener que ir a pegarle un tiro en persona; pero no para matarle, si no para caparle, un destino que para él sería peor que la propia muerte.

Dio un par de pasos hasta ponerse a excasos metros delante del maese de aquel lugar para acabar bajando la vista y observarle directamente a las pupilas a través de su visor metálico.
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Kyros
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-¿Qué si seguirás viva de ponértelos? ¡¿Qué si tripas despergig…?! ¡Madre del amor hermoso! Hibri, ¡Nena! ¡Amorcito! Mis piezas son la creme de la creme del Argos, el no-va-más de la pijería ilustrada de los recambios, la mitad del Argos mataría a la otra mitad por obtener una de mis reparaciones en tiempo récord y con la calidad garantizada que te acabo de hacer a mí. ¡Soy Ed el Honrado!, por Honrado en el negocio, Honrado con el cliente… Puede que hayas oído alguna burrada, pero eso no fue culpa mía, yo hago obras de arte, ¡no soy responsable de que un par de desaprensivos no comprendan mi arte y no lo traten con la delicadeza que se merece!

Justo en ese momento el chico pasó entre ellos dos, caminando de espaldas para tomar carrerilla y frotándose las manos. Tras levantar la mirada para mirar a Hibri asintió y comentó:

-Sí, delicadeza. Ya sabes, como la nitroglicerina, hay que transportarla con cuidado, si la mueves un pelín más de la cuenta, Kaboum… Pura delicadeza artística.

Ed le arreó al joven una colleja.

-Pero serás mamón, pedazo de cabrón, hijo puta, cagontusmuertos quien me mandaría a mi poner aquel anuncio en el puto periódico digital blablabla…

El chico pasó de Ed absolutamente tras rascarse la cabeza, justo en el lugar en el que había caído la colleja y salió corriendo, saltando justo frente a la nave averiada y agarrándose a la palanca en el mismo movimiento. Esta vez el capó cedió y se abrió… Solo que del impulso lo hizo sobre la luna, acabando de reventar a lo bestia lo que quedaba de la luna de la aeronave, llenando el interior de cristales.

-en fin, sígueme, te daré los patines, mujer de poca fé…

Justo cuando llevaban dados tres contados pasos sonó una campanilla en algún lugar del solar. Ed se volvió para ver, a un par de naves más allá, a un par de personas que miraban embelesadas una de sus aeronaves en exposición. Junto a cada vehículo en venta había un pulsador para llamar la atención del vendedor. Ed se mordió el labio. Aquellos dos parecían muy interesados en su oferta de lujo…

-Maldición… Eh, Shem. Encárgate tú de los clientes, diles que enseguida salgo, ve diciéndoles que esa nave es una maravilla, ya sabes, encandílales…

-Sin problema, pero si la vendo, quiero el 60% del precio, ya sabes, para mi promoción…

-¿Qué? ¡estás loco! ¡Eso es un robo a mano armada!

-Está bien, me quedo con el 70%...

-¡Pero serás desgraciado! Anda… ve tú con Hibri, llévala dentro, sus aeropatines están en el taller…

-De acuerdo, descuida, yo me encargo… Pero me quedaré el 20% del precio de la reparación.

-¿Qué? ¿Porqué?

-Pues porque soy un chico encantador al que no le diste la paga la semana pasada, por eso.

-¿Pero de qué vas? ¿Dónde te parieron a ti, en la maleta de un recaudador de impuestos?

Justo en ese instante los clientes tocaron de nuevo el pulsador.

-Oh… es una historia muy larga y parece que te esperan. Luego si quieres te doy la brasa con ella…

Tras rezongar algo en voz baja, Ed se tuvo que marchar, justo antes de llegar a la vista de los clientes, ya había recuperado su faceta de vendedor despiadado. Kyros, o Shem, como le había llamado Ed, le hizo un gesto a la mujer.

-Menos mal que se ha ido, si seguía por ese camino en vez de babas iban a acabar inundándonos de otra cosa, el pobre no tiene remedio… Ven por aquí, tenemos varios aeropatines en el taller ahora, así que tendrás que decirme cuál es el tuyo.

Tras unos instantes ambos entraron en el edificio pasando la zona de reportaje y varias salas repletas de todo tipo de piezas y recambios. Aunque en la puerta del taller, tras el mostrador de Ed en la última sala del edifico colgaba un cartel de privado, el chico invitó a pasar a la mujer.

Dentro del taller, la sala más grande del edificio al parecer, había organizado un enorme lío de mecanismos, máquinas y piezas en diferentes estados de reparación. Una aeronave descansaba sobre el foso, prácticamente desmontada y por todos lados se podía ver un poco de todo. Confuso, el muchacho miró alrededor y movió una plancha de metal ligeramente con el pie.

-Bueno… Tienen que estar por aquí… En alguna parte…
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Hibri
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Hibri dio gracias al cielo al ver que se podía quitar de encima al pesado de Ed. Cuando entró en aquel lugar al que le había guiado Kyros, la híbrida no pudo mas que respirar profundamente, se levantó el viso y se lo dejó a la altura de la frente:

-Chaval, tienes más paciencia que un santo... si yo estuviese en tu lugar, como mínimo Ed habría bebido laxante cinco veces a la semana...

Los ojos de la mujer eran negros como los de los híbridos tradicionales, aunque poseían un resplandor rojizo un tanto curioso:

-Los patines no tienen pérdida, son botas altas metálicas con una gran suela, al activarlos aparece un disco de aire debajo de ellos. Por cierto, cómo te llamas?

Le estaba empezando a caer bien aquel chico, en parte le recordaba a ella, descarado y directo, así debían de ser los hombres y las mujeres según su visión de un mundo ideal. Removiendo cielo y tierra la mercenaria empezó a mover todas las placas y armatostes que veía, aunque no obtuvo resultados buenos.
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Kyros
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-Buff… Si de buenas ya es así, imagínate cómo sería si no pudiera apartarse de la taza… A parte, hay que reconocerle que tiene un estómago fuera de lo común, si es capaz de comerse cada noche una docena de perritos calientes sin ningún tipo de efecto secundario imagínate cómo tendría que ser la dosis de laxante que tendríamos que darle para conseguir algo más sonoro que un par de cuescos… Nos arruinaríamos…

Se encogió levemente de hombros y acompañó al sonido de metal contra metal de la búsqueda de la fémina con su propia investigación por los recovecos del taller. Cuando la mujer se retiró el visor el joven sonrió más abiertamente y la observó con curiosidad unos instantes antes de volver manos a la obra. Generalmente los Híbridos eran muy parecidos los unos a los otros, pero de la misma forma que en los humanos los ojos eran el espejo del alma, en ellos podía decirse que eran espejos hacia el pasado, quizá lo más diferenciado que tenían uno de otro, lo más cercano a esa mitad de si mismos que se escindió de ellos sin avisar siquiera.

-Sí, sé como son… Espero que no te moleste, lo cierto es que los estuve probando… Iba yo limpiando esto cuando di con ellos y bueno, nunca había usado unos, así que los probé… Ed me estuvo persiguiendo por el patio como un poseso, corriendo a pie… Tendrías que haberlo visto, con el meneo su tripa parecía una lámpara de lava en plena ebullición… Después de eso el viejo los escondió para que no los volviera a coger… Pero no te preocupes, no tiene muchas luces, así que daremos con ellos enseguida… Me llamo Shem, y tú eres Hibri si no he entendido mal ¿no? ¿Es un alias?

Tras apartar unas planchas de metal que yacían apoyadas sobre una estantería desenterró por fin los patines. Efectivamente estaban arreglados y en perfecto estado y para sorpresa del chaval, al lado del par de la mujer habían otros dos pares, uno de ellos estaba averiado, pero el otro parecía en buen estado.

-Aquí están y fíjate, era cierto que tenía más en reparación, estupendo… Esta noche le haré hacer ejercicio otra vez je je je…
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Hibri
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Apartarse de la taza... aquella imagen sustituiría a los mutantes del Equidna en sus pesadillas, un escalofrío recorrió la espalda, sacudiendo la cabeza desalojó aquella idea de sus pensamientos. Cuando el chico le dijo que había usado sus patines en parte se molestó, pero por preocupación, aquella era su herramienta de trabajo y podría haber resultado peligroso para el muchacho:

-Tranquilo, no pasa nada, pero soy mercenaria, podría haber resultado peligroso, aunque ver a Ed en esa situación... seguro que mereció la pena

Respondió riéndose suavamente al mismo tiempo que mostraba su sonrisa blanca:

-Sí, es mi alias, mi nombre actual y mi naturaleza, Soy una híbrida, de ahí viene. Mi nombre de nacimiento es Alice Spencer, pero de eso ya hace mucho tiempo... tanto como la matanza que ocurrió en la Tierra y dos criogenizaciones. De la vieja Alice ya no queda nada.

Cuando Shem encontró los aeropatines se dirigió a por ellos y los cogió de la estantería, tras revisarlos un poco por encima sonrió satisfecha y se bajó el visor de nuevo:

-Mejor será que te compres unos nuevos y te dejes de probar el calzado de otros, podría ser peligroso y más con las piezas de Ed. Tengo una idea, en mi casa guardo mi viejo par de aeropatines, si arreglas la puta luz del frigorífico de mi cocina, son tuyos Shem. Te parece buen trato? Así podrás patinar tranquilamente después de que el dueño de ese par venga a recogerlos.

Sujetando los aeropatines con ayuda de su brazo izquierdo y del pecho, Hibri le tendió la mano derecha para cerrar el trato.
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Kyros
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El chico escuchó a la mujer atentamente y enrojeció levemente cuando esta recalcó el peligro que suponía probar sin permiso cualquier tipo de máquina que hubiera pasado por las manos de Ed, lo cierto es que cada una de ellas era más segura estando estropeada…

-Sí, supongo que tienes razón…

Apartó la mirada a un lado, a pesar de reconocer que había errado al jugar con fuego, no le daba la razón a la mujer por sus palabras, si no por entender realmente su significado, lo cual no era especialmente común entre cualquier individuo de su edad…

-Fue la emoción del momento, normalmente lo más divertido que hago en mi día a día es pasar el mocho a la tienda… Así que cuando los vi ni siquiera me paré a pensar en las consecuencias, se los he visto muchas veces a otros chicos del barrio, pero nunca los había probado antes y mi situación económica es un poco difícil como para pensar siquiera en comprar unos, así que… Normalmente soy más cuidadoso, pero…

Se encogió levemente de hombros con cara de pillo redomado, supuso que ella lo entendería, al fin y al cabo, solo se es joven una vez en la vida…

-No imaginaba que pertenecerían a una mercenaria, tiene que ser un trabajo emocionante…

Cuando la híbrida le ofreció el trato chocó su mano encantado de la vida. Para alguien como él, disponer de un par viejo de aeropatines era como tener un tesoro.

-¡Eso está hecho! No hay frigorífico que se me resista, después de mi paso por tu cocina tendrás que usar gafas de sol para poder inspeccionar los ingredientes de tu próxima comida, prometido.

Su sonrisa, no obstante, se fue apagando levemente al analizar las palabras de la mujer sobre su nombre y el nombre de quien había sido tiempo atrás.

-Siento lo de Alice… Lo cierto es que se qué es pasar por algo así, yo fui de los primeros críos en nacer en la Argos, nunca llegué a pisar la Tierra, pero también he pasado por el trance de la criogenización y por el mal trago de tener que dejar de ser quien era para ser lo que soy ahora… Es sorprendente la cantidad de personas de la Argos que han tenido dos vidas y se han visto en la necesidad de abandonar una. Es como enterrarse a si mismo. Cuando de más pequeño me explicaron lo que ocurrió en el planeta, esperaba que ese tipo de cosas no les pasaría a los que vinieran después… Fui muy ingenuo ¿eh? Si sirve de algo, me cae muy bien la nueva Hibri.

Con una curiosa sonrisa ladeada pasó junto a la mujer y salió a la sala del mostrador, tras el cual se colocó. Tras apartar con un barrido de su brazo toda la marabunta de papeles y revistas porno que Ed amontonaba ahí consiguió dar con el viejo teclado del ordenador y rápidamente introdujo los datos de los aeropatines de la mujer para regístralos como reparados y recogidos por su dueño, el propio ordenador escupió un papel con los pormenores de la transacción y la factura que el chico le pasó a Hibri.

-Y esto es todo.
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Hibri
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Hibri escuchó al muchacho interesada, lo cierto es que las congelaciones sentaban tan bien como podían sentar mal, en su caso fue una mejora, ya que supusieron el fin de dos periodos y el inicio de uno más divertido y emocionante, aunque para aquel chico, fijo que los tiempos pasados fueron mejores. Tomó la factura y la revisó rápidamente, parecía correcto, introdujo la mano en el bolsillo y extrajo los billetes necesarios junto con uno extra:

-Si sigues así me vas a hacer enrojecer, no me piropeaban así desde que mi antigua banda de "disolvió". Aquí tienes todo y lo que sobra quédatelo de propina por buscarlos. Ah! Mi dirección viene en la factura, salvo que esté trabajando siempre estoy allí, cuando tengas un rato libre ve y si puede ser cuanto antes mejor, la maldita luz parece una discoteca, cualquier día me voy a encontrar a los tomates bailando el bimbo. En fin, nos vemos luego, ve por el camino que toman los obreros, para volver e ir a la zona industrial, ni se te ocurra acortar por la intersección de la 10-14, suele haber peleas de bandas.

Y con el "luego" sabía muy bien lo que decía, podía resultar complicado que Ed le dejase un rato libre para ir, aunque el chico tuviese la labia suficiente y pudiese ganárselo, pero la mercenaria tenía un pequeño plan. Al salir de allí hizo un gesto con su mano derecha a modo de despedida sin darse la vuelta. Al llegar a la altura del botijo parlanchín y carismático, Hibri se levantó el visor le un ojo al mismo tiempo que le decía:

-Ed, cielo, si puedes da la tarde libre al chico, que tiene que hacer unas reparaciones urgentes en mi casa. Gracias encanto.

Sin esperar a la reacción del sujeto se bajó el visor y puso rumbo de vuelta a su casa, al estar a una distancia suficientemente prudente, el rostro de la híbrida cambió a uno de repugnancia total:

-Joder! Por Dios! Qué asco coño! Me siento hasta sucia! Y eso que ni le he tocado! Me tengo que dar una ducha!

Escupió al suelo como intentándose quitar un sabor inexistente en su boca, aunque seguidamente sonrió y se rió levemente:

-Pero bueno, era por una buena causa...

Aquel chico...
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"Convencer" a Ed XD: Ap(3)+Seductora
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FDI: Podemos aprovechar este post, si te parece bien ^^. Postea sus reacciones y yo luego pasaré a postear la descripción del barrio y de la casa de Hibri ^^
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Kyros
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FDI: No hace falta hacer tiradas para que Hibri convenza a Ed de hacer algo, ya sabes, esas tiran mas que dos carretas, así que... xD
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El chaval soltó una pequeña carcajada ante el comentario de la mujer sobre los piropos.

-Vaya, nunca se lo digas a Ed, su vida gira alrededor de su supuesto éxito natural con las mujeres, si se entera de que todos sus esfuerzos caen en saco roto es posible que le de un ataque…

Tras comprobar él mismo la dirección en el resguardo de la factura, asintió animado. Lo cierto es que conocía la zona. Su jornada en los Recambios de Ed no era su único trabajo, cuando las cosas iban realmente mal a nivel de pasta solía hacer encargos a algunos de los chicos de la 10-14, generalmente se trataba de un empleo peligroso, no solo por el trato con esa gente, si no por el propio contenido de los paquetes que solía transportar de un lugar a otro… Claro que la evidencia era obvia… Era mucho más fácil que un cargamento peligroso pasara desapercibido cuando eras solo un crío, pocos militares o guardias se interesarían por un enano que vuelve a casa con una mochila a la espalda. Por suerte hacía tiempo que no necesitaba ningún añadido a sus ingresos, lo que le había alejado por el momento de aquellas zonas…

-Conozco la zona, me tendrás allí tan pronto en cuanto Ed me de un respiro, así que ponte música de la buena y aprovecha los últimos flashes de tu nevera, en nada se te habrá acabado la discoteca en casa.

Tras despedirse de la mujer y cuando esta ya había desaparecido de la vista, se puso a ordenar la mesa de Ed, al menos, para ocultar de la vista las revistas porno que este parecía gustoso en acumular sobre ella de la vista del público. Justo cuando menos lo esperaba, entró Ed en la habitación. Tenía los ojos muy abiertos y parecía tambalearse ligeramente de lado a lado… Sorprendido, el muchacho dejó lo que estaba haciendo y salió de detrás del mostrador.

-¿Ed… Estás bien?

Ed reparó en ese justo momento en la presencia del chico y bajó la cetrina mirada hasta prenderla de sus ojos. Antes de que este pudiera reaccionar lanzó las manos hacia delante y lo agarró por los tirantes de la camiseta que llevaba, zarandeándole adelante y atrás.

-¡Soy un cielo! ¡¡Y un encanto!! ¿Me oyes? ¡Soy un cielo encantador!

El muchacho consiguió sujetarse a los brazos del orondo mercader mientras le miraba con cara de absoluto desconcierto.

-¿Un cielo encantador? ¿De qué cojones estás hablando? ¿Te has vuelto a beber por accidente el refrigerador de una aeronave?

-¡No, no! Ha pasado algo… Maravilloso… Hibri salía de la tienda y yo entraba, iba un poco deprimido, a que no había conseguido vender esa jodida aeronave… Al final a la esposa del cliente le parecía mejor un tipo ranchera… Por favor ¡Una ranchera…! Como si aun se usaran ruedas para desplazarse por ahí… Pero bueno, a lo que iba… Iba yo entrando cuando de repente oigo una voz celestial que me llama cielo… ¡Y ahí estaba Hibri! Sabía que tarde o temprano mis esfuerzos obtendrían su resultado… Lo sabía…

Tras darse unas palmadas en la barriga que sonó como a un redoble de timbales y provocó una vibración realmente hipnótica a lo largo y ancho de sus flotadores continuó hablando:

-Sabía desde el principio que estábamos hechos el uno para el otro… Es el destino…

-¿No dijiste lo mismo de la mujer que ayer te estrechó la mano al comprar aquella planchadora? ¿Y de la de hace dos días, la que te guiñó un ojo después de contarte un chiste…?

Ed le dirigió al chico una mirada de desdén.

-Oh, cállate. ¿Qué sabrás tú? Bueno, saber sí que sabes algo, sí… Porque tú, pequeño enano afortunado, vas a ir esta tarde a su casa en misión especial…

Cuando Ed lo señaló, con aquella cara de profundo hijo de puta, supo que la hora del juicio final se acercaba… O en su defecto, otra de las locuras pasajeras de su jefe…

Horas después, el orondo vendedor de Recambios le daba el resto del día libre y le recordaba con énfasis su “misión secreta” un recordatorio que le pintó al chaval una cara de absoluto aburrimiento a medida que, cargando con una mochila rellena de todo lo necesario para arreglar una luz de frigorífico, salía del solar de Ed de camino a la dirección impresa en la factura de Hibri con un pensamiento en la cabeza…

-Algo me dice que la pobre va a tener pesadillas durante años si le cuento esto… ¿Porqué no cogería aquel trabajo de repartidor de pizzas? Ayyyyns…
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